Competencia y convergencia: la hora de las definiciones

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Gerardo Soria

 

 

 

Gerardo Soria | El Economista | 12 Agosto 2015

Todo indica que estamos en la recta final del análisis en materia de competencia económica que realiza el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) para determinar si algún agente económico tiene poder sustancial en el mercado nacional de audio y video asociado, tal como ordenó investigar el artículo 39 transitorio de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.

Desde las discusiones en torno a la aprobación de la nueva ley, los cabilderos del preponderante en telecomunicaciones (Telmex-Telcel) presionaron para que se le impusieran a Televisa, su principal competidor en telefonía y banda ancha fija, restricciones que inhibieran su expansión a regiones en las que no prestaba el servicio. Es decir, con el pretexto de su participación en el segmento de televisión restringida pretendían que el cable de Izzi no pasara enfrente de hogares actualmente atendidos por Telmex y que eventualmente podrían tener otra opción competitiva.

Hoy, la presión sigue ahí y todos los días vemos artículos que como dogma de fe afirman que Televisa es dominante y se le debe restringir el crecimiento.

Los que vivimos la captura regulatoria hasta antes de la reforma y conocemos las omisiones intencionales de los gobiernos panistas para regular a Telmex-Telcel sabemos en qué consisten las prácticas monopólicas: (i) estrangulación de márgenes de los competidores, es decir, tarifas de interconexión superiores al precio que cobran al usuario final; (ii) efecto club: llamadas gratis entre usuarios de la red del preponderante y llamadas caras a otras redes; (iii) retrasar la entrega de enlaces de interconexión a los competidores con el pretexto de que no hay y hay que construirlos; (iv) cuando se pide un enlace dedicado por parte de un competidor para llegar a un cliente, utilizar esa información confidencial e inmediatamente enviar a un agente de ventas para hacer una contraoferta más baja a ese mismo cliente, y un largo etcétera.

Un agente con poder sustancial debe ser capaz de desplazar a los competidores y manipular precios. Durante 24 años, Telmex-Telcel lo pudo hacer con las prácticas arriba señaladas. La pregunta hoy es: en las condiciones actuales del mercado nacional de audio y video asociado, ¿Televisa es capaz de realizar esas prácticas que tanto le funcionaron a Telmex? ¿Puede Televisa estrangular los márgenes de Total Play, Axtel, Megacable, Netflix, Clarovideo o Dish? Evidentemente, no. ¿Puede Televisa inhibir la entrada de competidores a su mercado? En realidad, no. Lo único que los frena es la falta de desagregación efectiva de la red local de Telmex. Una vez que ésta sea una realidad, cualquiera la podrá usar para competir en audio y video asociado en cualquier lugar del territorio nacional.

¿Puede Televisa utilizar su poder de compra para conseguir canales de programación en exclusiva y desplazar competidores? Nunca lo ha hecho. El IFT puede consultar a la Canitec al respecto. Aun así, todavía está pendiente saber si Dish es de América Móvil o no. De ser afirmativa la respuesta, Claro, la empresa de televisión restringida de América Móvil, tiene muchos más usuarios que Televisa a nivel regional, así es que es ésta la que podría conseguir programación exclusiva que desplace a Televisa y no al revés. Urge, por tanto, que el IFT resuelva este asunto, por lo menos de manera concurrente con su resolución sobre el poder sustancial en el mercado de audio y video asociado en México.

Falta también redefinir el alcance del mercado relevante. En el dictamen preliminar del IFT hay dos grandes errores, producto, en mi opinión, más del prejuicio con que inició la investigación que del resultado de una metodología seria: (i) la ley obliga a analizar el mercado nacional y no mercados municipales, y (ii) el servicio a analizar es el servicio convergente de audio y video asociado, en el que se incluyen los OTT, y no el servicio tradicional de televisión restringida.

Lo que está en juego no es sólo el mercado de audio y video asociado, sino la competencia en banda ancha fija. Nos estamos jugando el futuro, no el pasado.

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