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Una Ley para Lucca y Alan


Javier Tejado

Un gran debate, que ha durado meses, se ha dado en tomo a la reforma de telecomunicaciones.

Es un debate de grandes intereses económicos, pero también debe de ser de gran interés para los millones de consumidores, prácticamente todos los mexicanos que cuentan con un teléfono o tienen acceso a la radio o la televisión.

Tan sólo los ahorros que se esperan al concluir la existencia de llamadas de larga distancia serán superiores a los 20 mil millones de pesos al año. Y sólo las empresas telefónicas sabrán cuánto van a dejar de obtener de los consumidores mexicanos que ya no perderán el saldo disponible de sus celulares de prepago cada dos meses, sino que ahora lo tendrán disponible por lo menos durante un año y ya no existirá un cobro adicional por consultarlo. 

Desde luego, será de gran utilidad que los proveedores de servicios de telecomunicaciones tengan la obligación de brindar mejores servicios, no engañar a sus usuarios con las letras chiquitas de los contratos y reembolsarles directamente por servicios prestados con deficiencia, tales como las llamadas caídas o Internet a una velocidad más baja de la contratada.

En materia de radio y televisión se abre la puerta para nuevas estaciones comerciales, luego de que desde hace 20 años no se han entregado huevas estaciones. Existe ahora la obligación de contar con defensores de la audiencia en cada estación y dar un cuidado especial a los contenidos que se transmiten en horarios de programación infantil. Por una comercialización excesiva, las sanciones serán considerables.

Los “preponderantes”, Telcel-Telmex en telecomunicaciones y Televisa en radiodifusión, adicionalmente están sujetos a una serie de reglas específicas a fin de que no inhiban el desarrollo de la competencia.

Sin embargo, en tan intenso y polarizado debate no se han abordado otras bondades de la Ley de Telecomunicaciones, aprobada el fin de semana por los senadores, ni tampoco la historia detrás de esos logros. Me refiero a las mejoras para atender a las personas con alguna discapacidad.

Ahora, los operadores de telecomunicaciones tendrán la obligación de contar con equipos y casetas públicas para ellos, portales de Internet especializados, instalaciones y personal administrativo preparados para atenderlos. Mientras que la televisión deberá contar en sus principales noticieros con lenguaje de señas y, en el resto de la programación, también subtitulaje (close-caption). Además, los canales de TV deben de tener guías de programación aptas para personas con discapacidad auditiva. En sí, la Ley que se está discutiendo contempla todo un capítulo que versa sobre la discapacidad.

Este esfuerzo no fue un logro de ningún partido político, sino de dos valientes mujeres: Katia DArtigues y Bárbara Anderson, quienes teniendo dos pequeños hijos con alguna discapacidad dieron una gran batalla por ellos y todos aquellos que están (o podrían llegar a estar) en esa situación. Acudieron a todas las instancias: al Presidente de la República, a los legisladores y a los concesionaríos. Nunca se conformaron con menos de lo que creían que era necesario. No cejaron en su batalla un solo día a lo largo de meses.

 Pero como en todas las buenas historias, también hubo traiciones. Primero, la senadora del PRD Angélica de la Peña, a quien acudieron para plantearle estos temas, dada su calidad de presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, pero quien los mezcló con otros intereses políticos de su partido, quedando muy disminuidos al momento de las negociaciones. Pese a ello, el día del Pleno en el Senado, las dos madres y periodistas no se dieron por vencidas y buscaron que el panista Jorge Luis Preciado apadrinara su causa. Luego de varías consultas al interior del PAN y con la Consejería Jurídica del Ejecutivo federal, se decidió cambiar los textos del dictamen a efecto de ser más incluyentes. Cuando esto parecía tener el aval de todos los partidos, el PRD les volvió a fallar y votó en contra.

Este relato muestra que a pesar de todos los intereses y de todas las disputas, aún hay espacio para legislar por un fin noble. Esto no se hubiera logrado sin el arrojo de dos madres que antepusieron todo a favor de sus hijos, que al hacerlo defendieron una causa justa que muy pocos entendían -yo incluido- y que en el proceso les han hecho un favor a millones de mexicanos con alguna discapacidad.

La historia de Katia y Bárbara es una que merece ser contada, al igual que la de los 80 senadores que apoyaron la causa. Así que esta Ley de Telecomunicaciones, que hoy se estará discutiendo en la Cámara de Diputados, va por dos niños: Lucca y Alan. Dos niños que cuentan con madres ejemplares y que nos recuerdan lo profundo y hermoso del amor maternal.

 CAMBIANDO DE TEMA…

¡Gracias por su ejemplo también a las dos mamás que siempre me leen! 

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