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La competencia bajo asedio

Así como el racismo y la xenofobia van expandiéndose como un cáncer en el mundo, la tendencia al proteccionismo y a las restricciones a la competencia se incrementan de forma paralela. La salida del Reino Unido de la Unión Europea, el triunfo de Trump en los Estados Unidos y el inminente sabotaje al Acuerdo de Asociación Transpacífico y al Tratado de Libre Comercio de América del Norte fomentarán la aceptación de discursos que por un tiempo, y de manera ingenua, creímos que desaparecerían de la vida económica de México.

A principios de esta semana, López Obrador, como único orador en la asamblea de Morena, dejó en claro que de llegar a la presidencia revertiría todas las reformas estructurales a fin de crear el paraíso en la Tierra. Promesas, con sus matices, muy similares a las que hizo Trump al pueblo estadounidense. Sus propuestas son económicamente absurdas, pero hábilmente se montó en la ola de los que consideran al comercio, la libertad económica y la competencia como los culpables de todos los males del mundo. Tristemente, en cierta medida, lo son.

El filósofo francés Dany-Robert Dufour en El arte de reducir cabezas (2003) sostiene que el consumismo dio lugar a un sujeto precario, acrítico y carente de identidad, un sujeto liberado de la influencia de los grandes relatos religiosos o políticos; sujeto flotante, libre de toda atadura simbólica. Todo lo que se relacionaba con la esfera trascendente parece haber quedado desacreditado puesto que no puede convertirse en mercancía. Se pretendió un sujeto desimbolizado que ya no estuviese sujeto a la culpa y que no fuera capaz de apelar al libre arbitrio crítico. Se quiso crear un sujeto privado de la facultad de juzgar e inducido a gozar sin desear.

Hoy estamos ante la reacción a la pérdida del valor simbólico del mundo, que fue transformado en puro valor monetario. Negar el simbolismo o lo que significan las cosas permitió vaciarlas de sentido para venderlas mejor. Desde la óptica consumista, ya no existen valores simbólicos trascendentes más allá de la circulación infinita de la mercancía.

Por ello, el problema del proteccionismo y los ataques a la libre competencia es mucho más profundo que la simple renegociación de acuerdos comerciales, como pretenden hacérnoslo creer. Estamos frente a una ruptura de la propia concepción del mundo que se impuso a raíz del desmantelamiento de la Unión Soviética. En realidad, el mundo capitalista pretende redescubrir algún valor simbólico que permita dar sentido a la vida de millones de seres humanos que, hartos de cosas que no necesitan, se sienten huérfanos tanto de Dios como del diablo. No es extraño, por tanto, que los movimientos anti sistema se hayan iniciado en los países donde el consumismo ha llegado a ser simplemente grotesco. Peligrosamente, ante la ausencia de grandes relatos religiosos o políticos, las masas están tendiendo al odio hacia el otro ante su incapacidad para percibir su propio vacío. En el mundo desarrollado esto fomentará los nacionalismos y la supremacía racial. En el mundo en desarrollo, como México, dará lugar a una regresión al sistema de oligopolios del que aún no hemos logrado deshacernos. Con el pretexto del proteccionismo y el nacionalismo, las élites locales tomarán las ganancias de un modelo liberal que se ha quedado a medias. Concentró la riqueza pero nunca llegó a lograr una plena economía de libre mercado en competencia.

Ante este entorno, no resulta extraño que el Instituto Federal de Telecomunicaciones declare que ya hay competencia efectiva en el sector, a pesar de que el preponderante sigue acumulando dos terceras partes de la industria de las telecomunicaciones, bajo el argumento de que los precios han bajado de manera importante. Como si no supieran que la práctica más común de los monopolios es la guerra de precios para desplazar la competencia y dificultar la entrada de nuevos jugadores.

Desde la época en que Pedro Cerisola fue secretario de Comunicaciones y Transportes, se decía que el modelo de liberalización y libre mercado no funcionaba.

Hoy sin que el modelo se haya aplicado a cabalidad en México, las voces que pretenden restaurar privilegios aprovecharán el desasosiego del reacomodo capitalista para lograr su objetivo.

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