No es opcional

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Federico González Luna Bueno

El Financiero

Probablemente el tema más importante de las telecomunicaciones para los próximo seis años será el de la banda ancha, en el que encontraremos los principales raseros con los que se habrá de juzgar el éxito o la ausencia de él de la presente administración.

La banda ancha como tal es un concepto dinámico en la medida en que cada vez los usuarios de las telecomunicaciones necesitamos de mayor velocidad para la transmisión de mayores volúmenes de información. Los servicios de telecomunicaciones con los que contábamos a principios de la década pasada hoy prácticamente nos serían inútiles.

El futuro de las telecomunicaciones está en la banda ancha, con la que se prestarán la mayor parte de los servicios a los usuarios: voz, datos y video.

En México nos falta mucho por hacer; a finales de 2011 apenas teníamos 18 suscriptores de banda ancha por cada cien habitantes, incluidos los servicios fijos y móviles. Su crecimiento es por arriba de 40 por ciento anual. Uno de los datos más interesantes y positivos de la discusión de los temas de telecomunicaciones, particularmente en cuanto a temas de acceso, es que ya no se habla solamente de ofrecer el servicio de Internet a la población, sino que los servicios deben ser de banda ancha.

La meta no es ya solamente dar conectividad a la gente, sino darle acceso a la banda ancha. Cabe decir que la carencia de servicios de banda ancha no es sólo rural, pues se encuentra también, y principalmente, en áreas urbanas. Se trata entonces de llevar servicios de Internet veloces, confiables, pero que también sean accesibles en cuanto a precio y calidad.

Las necesidades son muchas pero no iguales, y debe darse cierta prioridad en la atención de las necesidades ingentes de banda ancha del país para ordenar mejor las acciones y las respuestas que demandan la población y la economía mexicanas.

Uno de los problemas más delicados que existen en torno a la banda ancha y que si no se resuelve y aclara puede encerrar grandes mentiras, es la definición de lo que se entiende por banda ancha, lo que creemos corresponde hacer al gobierno federal, no a la industria ni a la academia, y probablemente tampoco al órgano regulador. Se trata de una cuestión esencialmente de política pública, que implica el compromiso y los medios que se pondrán en juego para alcanzar una determinada cobertura, acceso y velocidad de transmisión.

Se trata, no sobra decirlo, de un concepto dinámico, indefinible en ley. La banda ancha la definen las nuevas tecnologías y la demanda de servicios de la población. En nuestro país aún no es clara la definición de banda ancha; aparentemente se incluye cualquier conexión que ofrezca una velocidad de tan sólo 256 Kbps, fija o móvil, lo que es muy poco. En Brasil se utiliza este parámetro, lo que les ha permitido ofrecer, hasta cierto punto, enormes porcentajes de penetración.

Sería demagógico afirmar que la banda ancha para todos será una realidad a partir del trabajo que se realice desde ahora. En el pasado reciente en México hemos avanzado bastante en este tema, baste decir que la fija crece actualmente a un ritmo de 14 por ciento y la móvil arroja un crecimiento de 73 por ciento en el último año (quizá porque viene de cifras mínimas y hasta penosas de penetración).

Pero quizás el avance más importante está en el mundo de las ideas (que es donde primero ocurren los avances que en verdad cambian la realidad) al reconocerse, ahora sí de manera general, tanto en el ámbito político (con la firma del Pacto por México), administrativo, de la industria, como de la academia, la necesidad de atender este atraso en el que se encuentra el país y de darle, al mismo tiempo, esta palanca de desarrollo a nuestra economía y al desarrollo humano que ofrece el mundo moderno. La banda ancha ha dejado de ser opcional y se hace indispensable en nuestro proyecto de futuro.

Hay buenos augurios, necesitamos acuerdos y mucho trabajo; todo está en nuestras manos.

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