Mensajes que no calman

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2018-11-27

En colaboraciones previas al referirme a la coyuntura económica de nuestro país, particularmente a partir de la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, he comentado sobre el peligro de jugar con las expectativas de los mercados financieros y minar la credibilidad de un gobierno; en el mismo sentido, cuestioné la agilidad del equipo económico del presidente electo Andrés Manuel López Obrador para reaccionar de manera oportuna ante episodios de nerviosismo en los mercados.

Ayer, el mercado bursátil en México sufrió una caída importante, a contracorriente de lo que ocurría en los principales mercados del mundo, al mismo tiempo que el tipo de cambio del peso frente al dólar volvía a retroceder para cerrar en los mercados internacionales en 20.62 pesos por dólar. Según lo que se reportaba en medios en México, este desempeño se explicaba, entre otras razones, por el temor que despertó la iniciativa que presentaron los diputados del grupo parlamentario del Partido del Trabajo que propone devolver la administración de las pensiones de los trabajadores a manos del gobierno y eliminar las afores, lo que sin duda es una sinrazón económica.

Yo agregaría que el nerviosismo también estuvo vinculado con la nota publicada la noche del domingo por el Wall Street Journal titulada “El presidente electo de México López Obrador está asustando a los inversionistas extranjeros”. En la nota, se narra de manera precisa el impacto que han sufrido diversas variables o indicadores, como son el tipo de cambio, las tasas de interés que pagan los bonos del gobierno de México y la reducción en la tenencia de esos bonos por parte de inversionistas extranjeros, que tan sólo en octubre se desprendieron de 2,400 millones de dólares de EU. En esta nota, también se menciona que los administradores de diversos fondos con actividad en países emergentes están reconsiderando inversiones en México, o bien, disminuyendo su exposición al mercado mexicano.

En este contexto, no puede pasarse por alto lo que reportaba una nota publicada en El Economista, que advertía sobre el hecho de que, en el trimestre julio-septiembre, México registró una salida neta de capital por 1,886 millones de dólares, comportamiento que sólo se había observado cuando dio inicio el gobierno de Donald Trump. Es evidente que el entorno financiero se ha complicado más de lo que hubieran previsto en el equipo económico del presidente electo.

Aunque el inminente secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, ofreció una conferencia de prensa para tratar de enviar un mensaje de calma a los mercados y anunciar la designación de Gerardo Esquivel para ser miembro de la Junta de Gobierno del Banco de México, en lugar de Roberto del Cueto Legaspi, parecería que el mensaje no fue lo suficientemente contundente.

En esa conferencia, Carlos Urzúa descalificó la iniciativa de la bancada del PT en la Cámara de Diputados, a la que incluso minimizó al afirmar que había sido propuesta por un diputado y no toda la bancada; resulta difícil aceptar que esta iniciativa no tiene ningún sentido o posibilidades de avanzar, sobre todo si recordamos que algo exactamente igual fue instrumentado por la entonces presidenta de Argentina Cristina Kirchner, para hacer frente al complicado entorno que enfrentaba esa nación hace poco más de 10 años.

Me preocupó mucho que, al referirse a la iniciativa de Morena en el Senado de la República, relacionada con la prohibición de diversas comisiones bancarias, mencionó que ésa sí es interesante. De igual forma, de la designación de Gerardo Esquivel para Banxico, a quien si bien se le reconocen preparación y la capacidad, también es un hecho que se trata de alguien que durante mucho tiempo ha cuestionado decisiones del Banco de México. Su gran cercanía con el presidente electo permite anticipar que su presencia en la Junta de Gobierno del órgano autónomo generará fuertes discusiones. ¿Cómo reaccionarán hoy los mercados?

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