La cercana lejanía

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Una de las principales características del sector de las telecomunicaciones es su capacidad de reinvención. A veces da la impresión de que en el preciso momento en que los expertos comienzan a dictar la muerte de alguno de sus componentes, resurge con una fuerza inesperada como si deseara probar a sus detractores que estaban errados.

Un ejemplo de lo anterior es la videollamada. Hace apenas 15 años se publicaban numerosos análisis explicando su rápida adopción en Corea del Sur y Japón, mientras que en las Américas el servicio pasaba desapercibido. En esos años, Max Weber parecía haber reencarnado en la voz de los expertos de la industria que citaban factores culturales como parte de la explicación del fracaso de las llamadas de video por el celular.

Sustentaban su argumento en los fracasos de la exportación del i-Mode hacia mercados europeos y predecían bombásticamente la defunción de la televisión por medio del celular antes de que ésta surgiera como servicio en los mercados asiáticos.

Eran otros tiempos, era otra la historia en un mundo que se encontraba superando el descalabro de la burbuja de telecomunicaciones de principios de siglo que causó un tsunami de fusiones y adquisiciones a través de toda la región. Fue tan fuerte el declive en el número de actores del sector que en un evento organizado por el Instituto de las Américas, un analista pregonaba frente a las autoridades de Chile, Perú y Argentina que contrario a lo mencionado en mi presentación, la concentración del sector apenas comenzaba.

El argumento, plausible en ese momento, se enfocaba en las enormes ventajas que ofrecían las tecnologías inalámbricas sobre todo aquello que tuviese un cable. Se escuchaban como grandes profetas a quienes pregonaban la disrupción del esquema competitivo tradicional por medio de tecnologías como WiMAX, LMDS y MMDS. El mundo de los cables era la prehistoria e inevitablemente estaba condenado a morir.

Las leyes de la física junto a un pequeño detalle llamado oferta y demanda se encargaron de aterrizar las promesas y moderar el discurso innovador. Mientras esto ocurría, numerosas frecuencias de espectro radioeléctrico quedaron sin recibir ofertas en subastas ocurridas a través de toda la región. En el juego de la lejana proximidad, bloques en 2.5 GHz o 3.5 GHz no eran muy atractivos para la gran mayoría de los operadores latinoamericanos.

Sin embargo, la capacidad de regeneración de la industria fue la que transmutó el fracaso del MMDS en masificar los servicios de televisión paga (ese honor lo ostentaría el DTH) o de WiMAX en ser una tecnología viable para servicios de banda ancha fija que la frecuencia de 2.5 GHz se convirtiera en medular para el desarrollo de LTE a nivel global. En el pasado quedaban operadores WiMAX que en medio de su propia crisis financiera expresaban gran interés en proyectos mayoristas en América Latina, pero sin legalmente comprometer un centavo.

Ahora LTE parece cumplir todas las promesas hechas por los viejos impulsores de WiMAX y las antiguas licitaciones desiertas de 2.5 GHz hoy en día recaudan cientos de millones de dólares para las arcas gubernamentales de la región.

No obstante, la pregunta permanece: ¿hasta cuando estaremos atravesando el periodo de concentración en la región? Todo parece indicar que durante muchos años, pero con un agregado especial en la región del Caribe, donde la posibilidad de una concentración entre entes regulatorios potenciaría a ECTEL, incrementando su membresía para incluir más gobiernos que deseen incrementar el uso eficiente de activos para establecer un marco regulatorio transparente y uniforme que sea válido en todos los mercados representados por este ente supranacional.

Mientras esto ocurre, cada día tendremos menos operadores tradicionales y un mayor número de proveedores de aplicaciones. Serán estos nuevos jugadores quienes dirijan el futuro del sector en los próximos años.

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