Reformar la energía

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Rodrigo Pérez Alonso/ Excélsior

 El pasado mes de agosto, el Presidente de la República presentó su reforma energética, la cual contempla reformas a la Constitución y diversas leyes secundarias a efecto de hacer del sector energético más dinámico y eficiente. Parte de una serie de diversas reformas para dinamizar la economía mexicana, la reforma energética es quizás la más importante de todas las planteadas por el Presidente durante este primer año de mandato.

 El sector energético representa un catalizador de crecimiento para diversos otros sectores de la economía como el transporte, infraestructura, manufactura, transformación y hasta servicios financieros.

 La tasa de demanda de energía en nuestro país se ha incrementado en 2.08% anual entre 2000 y 2011 (CIDAC).

 De hecho, no hay sector industrial que no se vea afectado directa o indirectamente por el sector de la energía: el gobierno obtiene alrededor de un tercio de sus ingresos a través de Pemex, el sector privado utiliza las materias energéticas como el petróleo y gas para sus actividades industriales y las personas utilizan los derivados del petróleo y otras fuentes energéticas para su vida diaria (i.e. gasolina y gas licuado).

 A nivel mundial, se estima que las inversiones públicas y privadas en el sector energético alcanzarán 1.2 trillones de dólares al año para 2030.

 Dado ese nivel de inversión y la importancia que tiene la energía para la economía mundial, es imposible mantener el statu quo. México no es la excepción; durante décadas el sector energético ha sido utilizado para fines perversos como la manipulación política, el discurso económico artificial y la movilización social. Mantener el statu quo es política, social y económicamente rentable para algunos actores; entre ellos, algunos que vemos regularmente haciendo movilizaciones políticas y sociales bajo consignas abstractas como el nacionalismo y la protección del petróleo “para la gente”.

 La realidad detrás de estas cortinas de humo es otra: México sigue cayendo en la numeralia en comparación con otros países productores de energéticos como el petróleo. Nuestro país surte alrededor de 10% de todo el petróleo para Estados Unidos, el mayor consumidor del planeta.

Esto representa una oportunidad gigante, pero la eficiencia de la producción del petróleo es muy baja: Pemex produce alrededor de tres millones 700 mil barriles diarios y cuenta con alrededor de 150 mil empleados. Por cada trabajador, la paraestatal produce menos de 30 barriles diarios, mientras que otras petroleras a nivel mundial como ExxonMobil, BP y Petrobras tienen una eficiencia por trabajador mucho mayor (datos del CIDAC).

 Sin embargo, sigue siendo provechoso para pocos mantener las cosas como están: para algunos políticos, es una fuente de discursos plagados de falso nacionalismo –y desconocimiento de la realidad– y para otros actores es una renta segura para sí, pero ignorando los efectos negativos para la generalidad. Las preguntas detrás de toda la falsa retórica deben ser entonces quién está detrás de la oposición a las reformas, por qué y qué tienen que perder. Reformar la energía y enfoque de estos actores tampoco será poca cosa.

 Twitter: @rperezalonso

 

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