Backup / Money The Swamp

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Gerardo Soria
El Economista
No conforme con los gastos innecesarios y de dudosa legalidad, que el señor Mony de Swaan ha venido realizando durante su gestión como Presidente de la Cofetel, también ha implementado creativos e ingeniosos esquemas para “formalizar” dichos gastos que francamente, me han sorprendido no tanto por su originalidad, sino más bien por la falta total de prudencia y disimulo de quien los implementa. Por algún motivo, se siente intocable y superior a la ley.
Por un lado está la triangulación al estilo De Swaan que, como ya he explicado, consiste en la contratación de organismos descentralizados para, con ello evadir la aplicación de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, y después subcontratar a través de éstos a terceros amigos. Tal es el caso de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) que, según mis fuentes cercanas en la Cofetel, tiene subcontratado nada más y nada menos que a Peter Bauer, el más amigo de los amigos, para dar cumplimiento -si es que a estas alturas este término tiene algún significado para los involucrados- a los contratos que la Cofetel adjudicó de manera directa a la UAEM, por un total de más de 49 millones de pesos.
Ya se presentó la correspondiente solicitud de acceso a la información ante la UAEM (con folio 00115/UAEM/IP/2012) para corroborar si este fiel amigo de De Swaan está recibiendo dichos recursos, por sí o a través de sus empresas, por lo que ahora sólo queda esperar la respuesta en los próximos días. Habrá que ver hasta qué punto los amigos de los amigos estarán dispuestos a arriesgarse para mantener en secreto el innovador procedimiento de adquisición.
Ahora bien, por otra parte, entre las curiosidades que se pueden consultar en el portal de transparencia de la Cofetel, también se encuentra otra estrategia de adquisición que consiste básicamente en la contratación de dos o más personas para que realicen el mismo servicio. Una de ellas hace como que entrega el servicio (la de chocolate o la del amigo), y la otra, que sí está capacitada para desempeñarlo (la de verdad), es la que efectivamente lo presta, incluso corrigiendo los errores y completando las deficiencias de la otra. El problema desde luego se presenta cuando, revisando las cuentas, resulta que las dos recibieron contraprestaciones generosas y sólo una las desquitó.
Así sucede, por ejemplo, con la misma UAEM, que fue adjudicada de manera directa en julio del 2011 con el contrato CFT/CGOTI/UAEM/FONDICT/01/11, por más de 10 millones de pesos, cuyo objeto fue la elaboración del diseño funcional de la estructura del modelo operativo básico de la Cofetel -whatever that means-, para que casi un año después se contratara a la sociedad Enapsys México SA, para documentar el modelo operativo de la Cofetel. En efecto, tal como se indica en la propia convocatoria que derivó en la contratación de Enapsys, el primer objetivo de los servicios a contratar era complementar el modelo operativo de Cofetel, a partir del modelo operativo básico de Cofetel, supuestamente desarrollado por la UAEM -a través de Peter Bauer-, que solamente incluyó ocho procesos, de los aproximadamente 80 que Enapsys consideraría como necesarios. Así, la Cofetel pagó 10 millones de pesos a la de chocolate por definir procesos básicos, y la de verdad fue adjudicada con un contrato de 60 millones para completar el trabajo que la del amigo no hizo.
Otro ejemplo de duplicidad innecesaria que genera suspicacias son los contratos que la Cofetel celebró para adquirir asesoría legal relacionada con las próximas licitaciones. Por un lado, se contrató a Ríos Ferrer, Guillén-Llarena, Treviñó y Rivera, SC por 2 millones 784,000 pesos, y a pesar de que el servicio parece haberse prestado de manera profesional, De Swaan decidió contratar asesoría adicional de White & Case, SC para exactamente el mismo caso y por un monto de 2 millones 784,000 pesos, extrañamente idéntico al del contrato anterior. De nueva cuenta, parece que el presupuesto de la Cofetel se reparte entre contratos de verdad y contratos de chocolate, duplicando o multiplicando los gastos para beneficiar a los amigos.
La verdadera pregunta aquí es a dónde van a parar esos recursos. ¿Será que llegaron al bolsillo de Bauer, al de otro amigo, o tal vez habrían regresado de vuelta al de Mony? Lo cierto es que todos estos gastos requieren una explicación que se apegue a la ley, misma que hasta ahora De Swaan no ha sabido formular, a pesar de su amplia experiencia en adquisiciones millonarias.
La corrupción en la Cofetel es rampante y De Swaan actúa con cínica indiferencia, como si se supiera protegido por alguien. Afortunadamente, el sexenio está por concluir y habrá muchos en el próximo gobierno que exigirán respuestas.

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