Los verdaderos retos del Ifetel

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Gerardo Soria/ El Economista

Durante las últimas semanas, diversas voces relacionadas con la industria de las telecomunicaciones y radiodifusión han endurecido sus críticas al recién creado Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel), como si la realidad pudiera modificarse por decreto y de un día para otro. Evidentemente, no es así.

Por grandilocuentes, avanzados y políticamente correctos que hayan sido los discursos de los integrantes del Pacto por México y de los legisladores, que se vanagloriaban (algunos ya se arrepintieron) de la radical reforma constitucional, el hecho es que la realidad es terca y carga con la inmensa inercia de dos sexenios sin rumbo ni política de telecomunicaciones.

Dos temas relativamente menores han ocupado las páginas de la opinión publicada, que no necesariamente coincide con la opinión pública: I) la retransmisión en todo el país, por parte de Dish, de los canales 2, 5, 7, 9 y 13 de la ciudad de México, y II) la cancelación de la compra y distribución de convertidores digitales por parte del Ifetel.

Algunos han indicado que la decisión del Ifetel en torno del diferendo entre Dish y las televisoras demostrará si los comisionados son verdaderamente autónomos o son sumisos a los “poderes fácticos”, pretendiendo desconocer el texto de la reforma constitucional que tanto alabaron cuando creían que los suyos encabezarían al nuevo instituto. Más allá del ruido de fondo que, por un lado, critica la programación de las televisoras que, en su opinión, embrutece al pueblo pero, por el otro, defiende el supuesto derecho a transmitir esa misma programación gratis en todo el país (como si el hecho de que Dish transmita telenovelas fuera más importante que el pésimo servicio de telefonía móvil y banda ancha), lo cierto es que las televisoras están obligadas a permitir la retransmisión gratuita de sus canales del aire en cada plaza y no a nivel nacional, como lo hace Dish, violando la propia Constitución.

¿Qué le molesta más a usted, estimado lector: que nunca pueda concluir una llamada sin que se caiga o no poder ver el programa de Laura Bozzo? En mi opinión, lo políticamente correcto está de cabeza. Para los intelectuales de café, Televisa y su programación son la fuente de todos los males. Será porque tienen mucho tiempo para ver la televisión. A los que trabajamos, nos afecta mucho más perder una llamada de un cliente o no poder recibir un correo electrónico con los datos de la próxima junta que desconocer la trama de las telenovelas.

Muchas manifestaciones se han organizado en contra de las televisoras (los vividores del cuento no soportan que se hable mal de ellos y soportan aún menos que no se hable de ellos), pero son pocos los que alzan la voz por los pésimos y caros servicios de telecomunicaciones que tenemos que soportar. La más respetada de esas voces, Adriana Labardini, afortunadamente, hoy es comisionada del Ifetel.

Por último, achacar al Ifetel las consecuencias jurídicas de su naturaleza como órgano constitucional autónomo e interpretar la cancelación de la compra y distribución de convertidores digitales como una contrarreforma promovida por los “poderes fácticos” es, francamente, un despropósito que no pasa la prueba de la risa.

Señores, los retos del Ifetel son colosales, dejémoslo trabajar y no nos perdamos en minucias. Lo que México necesita son servicios de telecomunicaciones de calidad y a buen precio.

Twitter: @gsoriag

 Foto: http://www.freedigitalphotos.net

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