Tablero nuevo

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2019-03-19

El desafío para los políticos de hoy es complejo. Se requiere talento e imaginación para sintetizar el mensaje a los votantes en pocas palabras. Es un campo fértil para la desinformación.

Dicen los que saben que político que no está en redes sociales es un político sin futuro.

Es imposible imaginar a un estadista moderno que desprecie los alcances extraordinarios de las plataformas digitales, que han transformado para siempre el modelo de comunicación política del siglo pasado. El juego es en esencia el mismo, aunque el tablero es nuevo y multidimensional.

Las redes sociales son un gran “igualador democrático” que permite a todos, sin distinción, interactuar de forma directa, sin intermediarios. Las redes han llegado para democratizar el uso de la palabra, permitiendo que los ciudadanos puedan expresar en el universo digital su opinión, sin filtros ni cortapisas.

No obstante, no todo es miel sobre hojuelas.

El bullying digital destruye diariamente la honra y el buen nombre de miles de seres humanos, haciendo nugatorio el viejo principio democrático del respeto al que piensa diferente.

Es un hecho incontrovertible: la presencia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación está desplazando a los medios de comunicación tradicionales, planteando retos formidables a los viejos formatos del discurso político.

Los personajes más poderosos del mundo lo comprenden bien. El presidente Donald Trump tiene en Twitter 59 millones de seguidores. Al Papa Francisco en su cuenta @Pontifex lo siguen 18 millones. El primer ministro indio, Narendra Modi, tiene 46 millones de seguidores.

Según el último informe 2018 de We Are Social y Hootsuite, el uso de las redes sociales ha crecido notablemente en los últimos años, llegando a una media de más de 3,000 millones de usuarios. La red más usada es Facebook, con más de 2,000 millones de usuarios, YouTube con más de 1,500 millones. WhatsApp, con más de 1,300 millones y Facebook Messenger con más de 1,500 millones.

El desafío para los políticos de hoy es complejo. Se requiere talento e imaginación para sintetizar el mensaje a los votantes en pocas palabras. Los “ciudadanos emergentes” son generaciones de 280 caracteres, lo cual genera dificultades, falta de rigor y un campo fértil para las noticias falsas y la desinformación.

Mario Riorda señala que las campañas electorales clásicas han muerto. Los procesos electorales tenían una función relevante y servían como espacio de debate público en torno a posibles soluciones a problemas específicos y desafíos concretos.

En el nuevo tablero en el que se juega la democracia, pareciera que cuentan más la velocidad instantánea en la respuesta, las imágenes impactantes y las emociones, que la disputa racional por la mejor opción de gobierno.

Con la aparición de las redes sociales, la congruencia ideológica y la elaboración de alternativas racionales no siempre encuentran terreno fértil en un campo minado por las apariencias y la mercadotecnia.

Existe inquietud entre los jugadores, razón por la cual ha crecido en muchas partes un debate centrado en la necesidad de regular las redes sociales en función de sus efectos en la gobernabilidad y en el propio tejido social.

BALANCE

Es imperativo trabajar en campañas de educación digital y responsabilidad social sobre el manejo de las cuentas personales, buscando que la libertad de expresión no se convierta en libertad de difamación.

Finalmente, como lo señala Michelangelo Bovero, la democracia es incompatible con la acción gregaria. La democracia, en su forma ideal, es una asociación de
espíritus libres.

La red es un medio ambivalente: puede ser un campo de libertad o un espacio violento y lleno de odio. Nos toca a nosotros escoger. Yo apuesto por la libertad para debatir e interactuar.

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