Convergencia regulatoria, a medias en contenidos audiovisuales

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Por: Gonzalo Rojon*

Parece que el término convergencia tecnológica, definido como la integración de plataformas, servicios y aplicaciones provistos o transmitidos a través de un mismo canal o red de distribución, aún no es entendido a cabalidad por muchos reguladores de la región.

Lo anterior lo menciono en específico por el caso de los servicios de contenidos audiovisuales basados en Internet u OTT (over-the-top, por sus siglas en inglés) los cuales, a pesar de estar incrementándose en número a través de distintas plataformas y ganar terreno en la preferencia de los consumidores, no están siendo integrados a la regulación de los sectores de las telecomunicaciones.

Por muchas décadas uno de los principales problemas con los servicios de telecomunicaciones había sido que su avance era tan rápido y sorpresivo que era difícil incluirlos oportunamente en la regulación, lo cual generaba disrupciones no previsibles en los mercados y por lo tanto teniendo que regular de manera ex post, es decir, una vez que los mercados se veían desequilibrados por cierto servicio o tecnología.

Sin embargo, por primera vez en la historia vivimos en un periodo en el cual tenemos la capacidad de saber cuáles son las tendencias tecnológicas para los próximos años. Otorgándonos así la capacidad para regular de manera ex ante, lo cual nos permite establecer reglas que mantengan a los mercados en equilibrio y competencia.

Es una realidad que, para las nuevas generaciones, los contenidos audiovisuales tienen una relevancia como nunca se había visto. Tan es así que prácticamente cualquier plataforma tecnológica está empezando a integrarlos como parte de su oferta comercial. Los contenidos pueden ser retransmitidos de productoras tradicionales o ser generados por los mismos usuarios creando nuevos modelos de negocio, causando una disrupción en los mercados previamente establecidos.

Para dar un claro ejemplo de lo anterior basta mencionar las estrategias de algunas de las empresas más grandes de tecnología en la actualidad como Netflix, Hulu y Amazon. Estas compañías empezaron con un modelo tradicional en el cual redistribuían contenidos de compañías productoras tradicionales, para luego constituir un modelo de negocio de generación de contenidos propios, los cuales compiten directamente con aquellos locales en los países que van teniendo presencia.

La estrategia anterior les ha permitido tener ingresos que se empiezan a aproximar a los de las compañías que nutren de contenidos a estas y todas las demás plataformas. Los ejemplos anteriores son en su mayoría de compañías dedicadas a los contenidos; sin embargo, compañías totalmente ajenas a este mercado están empezando a incursionar en la retransmisión de contenidos. Twitter y Facebook, dos de las redes sociales más importantes del mundo, están pasando de ser administradoras de contenidos generados por sus usuarios a comenzar a transmitir contenido audiovisual en vivo como partidos de futbol americano y basquetbol.

Hasta aquí todo pareciera estar bien, pues representan más opciones para los consumidores. No obstante, el problema se enfoca en que estas plataformas, al estar basadas en Internet, se encuentran sujetas a muy poca o nula regulación y representan una competencia desleal a plataformas locales previamente establecidas y sujetas a diversas regulaciones desde tributarias hasta de clasificación de contenidos por tan sólo mencionar algunas.

Prácticamente ningún regulador de comunicaciones en América Latina, a diferencia de aquellos países desarrollados, ha considerado incluir estas nuevas plataformas en la regulación de sus respectivos países. Circunstancia que ha incubado un desbalance para los jugadores que tradicionalmente se han dedicado a la creación y distribución de contenidos (TV abierta y TV de paga).

Por ello es necesario que estas plataformas que tienen impulso por la creciente adopción de Internet sean reconocidas como un competidor directo entre las preferencias de los consumidores y entre otras plataformas de contenidos audiovisuales. Es conveniente realizar una revisión a la regulación preexistente para que todos los oferentes cuenten con las mismas condiciones para competir.

Es importante destacar que no se trata de impedir la innovación al regular estas nuevas formas de distribución de contenidos, sino de simplemente establecer las bases de una competencia sana que nos siga permitiendo a los usuarios contar con esta diversidad de plataformas.

* Director de Mejores Prácticas y Análisis Regulatorio de la Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica (OTI).

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