Efecto club: un grillete amistoso

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2018-08-17

Dice el dicho que “la unión hace la fuerza”. Más personas en un grupo permiten afrontar en mejores condiciones cualquier reto y compartir los costos de un bien o servicio. En el mundo de las telecomunicaciones este principio, llamado por los economistas efecto club puede traer beneficios de corto plazo al consumidor, pero en el largo plazo puede convertirse en un problema para la competitividad y la viabilidad de la industria y el bienestar de los consumidores.

Desde la década de 1970 investigadores en temas económicos como Jeffrey H. Rohlfs y Nicolas Curien analizaron el efecto que causaba en la industria de las telecomunicaciones una masiva concentración de clientes en una empresa como factor que dificultase la llegada de nuevos jugadores a esta industria. Era una época cuando los monopolios de telecomunicaciones estatales pasaban de manos gubernamentales al sector privado y se analizaba la mejor manera de hacer dicha transición porque además de desincorporar los monopolios, la idea era crear condiciones para que más empresas incursionasen al sector.

Los estudios económicos encontraron que las empresas de telecomunicaciones con mayor cantidad de usuarios tenían una ventaja fundamental: podían ofrecer llamadas o mensajes SMS entre sus afiliados (comunicaciones llamadas on-net) a mucho menor costo que hacia las redes de sus competidores (comunicaciones off-net) al no tener que pagar tarifas de interconexión con otros operadores y que costos por infraestructura o servicios administrativos se reducían en tanto el operador más grandes puede distribuirlos entre más usuarios. Esto se traducía en promociones de llamadas sin costo y sin límite on-net mientras que los usuarios fuera de la red pagaban altos cargos por llamada o mensaje hacia la red de otro operador.

A primera vista el efecto club en telecomunicaciones representa un beneficio para los usuarios, pues costos más bajos e incluso gratis ahorran dinero al suscriptor al comunicarse con sus contactos dentro del mismo operador. Sin embargo, esto tiene un lado profundamente negativo para la industria en general: el peso del operador más grande dificulta la entrada de nuevos jugadores puesto que es difícil convencer a un potencial cliente de suscribirse a una red nueva cuando la mayor parte de sus comunicaciones los hace hacia el competidor más grande, quien cobra altas tarifas por el privilegio de direccionar las comunicaciones desde el exterior hacia su red. Por su parte, el usuario queda virtualmente atrapado en la red del operador más grande por la dificultad de asimilar el costo de cambiar de proveedor de servicio.

Evitar el efecto club fue una de las razones por las que grandes empresas de telecomunicaciones estatales como Telebras en Brasil fueron divididas en varias unidades independientes antes de desincorporarlas del sector público. Algo similar se realizó en Estados Unidos a inicios de la década de 1980 cuando la empresa AT&T fue fraccionada en siete empresas distintas ante la presión del Departamento de Justicia de ese país. En México el gobierno evitó tomar medida alguna al respecto y la empresa paraestatal de telecomunicaciones fue entregada en su totalidad a un agente privado sin restricción alguna hacia 1990, aprovechando por años su posición cuasi monopólica en los mercados de telecomunicaciones nacionales.

No fue sino hasta 2014 cuando la reforma en el marco jurídico de las telecomunicaciones mexicanas estableció medidas efectivas para combatir esta situación. Una de ellas fue la creación de la figura de Agente Económico Preponderante en el sector de telecomunicaciones (AEP) así como la asignación al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) de capacidades para definir tarifas de interconexión entre operadores y determinar regulaciones especiales para el AEP, y la prohibición legal para evitar prácticas como la oferta de paquetes de comunicaciones on-net a precio distinto al cobrado a los competidores del AEP.

Atrás quedaron los tiempos cuando antes de marcar hacia número telefónico móvil la persona preguntaba “¿de qué compañía es?” para saber si la llamada sería breve o podría extenderse a voluntad. No por nada las cifras del IFT indican que pasamos de un tráfico móvil de llamadas en de poco más de 142 mil millones de minutos en el año 2013 hasta 274 mil millones el año pasado; un incremento de más del 93% en cuatro años. Debilitar o eliminar regulaciones que impiden el efecto club afectaría el bienestar de decenas de millones de consumidores quienes volverían a encontrarse con precios diferenciados al llamar a operadores fuera de la red propia, algo que traería de regreso los grilletes amistosos del efecto club.

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