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El costo de la inacción

En 2008 se presentaron las primeras denuncias ante la afortunadamente extinta Cofetel, según las cuales el grupo de interés económico en torno América Móvil estaría violando el título de concesión de Teléfonos de México al dar servicio de video a través de UnoTV.

El asunto, visto con frialdad, es bastante sencillo: ¿UnoTV es un canal de televisión o un servicio over the top, es decir, un servicio que se transmite o difunde contenidos a través de diferentes dispositivos?

Sin embargo, la frívola autoridad que encabezaba Mony Sacha de Swaan pasó más tiempo haciendo especulaciones e inventando historias sobre poderes fácticos o algunas otras telarañas mentales que atendiendo el fondo del asunto. El tiempo se fue acumulando y, como todo lo que se posterga, se va complicando, puesto que se pierde la esencia de la discusión y se le van generando deformidades que, en el menos malo de los casos, poco o nada tienen que ver con el fondo del asunto.

El Instituto Federal de las Telecomunicaciones ha venido centrando la discusión. Aquí no se trata de los inventos de los representantes de la sociedad civil o expertos en telecomunicaciones que sólo propalan sus traumas y frustraciones en lugar de concentrase en lo verdaderamente importante.

El asunto de fondo injustificadamente se ha alargado demasiado tiempo y ha llegado el momento para que el pleno del organismo que preside Gabriel Contreras determine, tan pronto como la semana que está comenzando, cuál es su determinación.

NORCOREA

Si los comisionados actúan de acuerdo con la ley y las mejores prácticas, deberán determinar que el grupo económico en torno a América Móvil no viola el título de concesión de Teléfonos de México con la operación de UnoTV.

Los argumentos son fáciles de comprender. Si UnoTV fuera un canal de televisión, también lo serían servicios como Netflix, Blim, YouTube o cualquier otro similar, entonces la autoridad debería tomar una decisión digna de Kim Jong-un, es decir, prohibir las señales porque no tienen el título de concesión que es necesario para dar servicios de televisión abierta (que es a lo que se refiere el título de concesión de Telmex), como los que tienen Grupo Imagen Multimedia, Televisión Azteca y Televisa.

Hay quienes creen que se viola la ley, puesto que un cliente de Infinitum puede ver UnoTV, entonces hablan de una competencia ilícita; sin embargo, había que hacer el planteamiento desde el punto de vista contrario: ¿Se podría prohibir que se viera el servicio over the top con un proveedor de internet u otro? Eso sería tan grave como limitar al consumidor la elección de quién desea que le dé servicios, lo que va total y absolutamente en contra de la competencia.

Es claro, como lo votará por lo menos la mayoría de los comisionados del IFT, que UnoTV no viola el título de concesión y se podrá cerrar un expediente que, por la ineficiencia de los anteriores reguladores, se hizo una verdadera bola de nieve.

REACCIONES

Desde este momento le puedo anticipar que habrá una corrida de plañideras que asegurarán que el IFT ya fue “capturado” por el gran monopolio, ese hombre que en el imaginario popular es una suerte de poder superinstitucional que es el ícono de “los de arriba” o esa lucha de clases tan propia de los fascistas de izquierda como Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, le recomiendo que no pierda el tiempo en esos absurdos que nada deberían influir en la realidad, pero que fue lo que atemorizó a una larga lista de funcionarios del IFT, sino en los méritos del asunto.

El instituto tiene la obligación de dirimir esta discusión definitivamente, ése es el trabajo de la autoridad. Los hechos son claros. UnoTV no es un canal de televisión y, por lo tanto, Telmex no viola su título de concesión, ahora sólo falta hacerlo oficial.

El que haya más opciones de contenidos va en beneficio no sólo de una competencia en el sector que beneficia a consumidores y anunciantes, ya que contribuye a formar un país mucho más democrático, puesto que una mayor cantidad de voces son escuchadas.

Quizá la gran lección es comprender que un tema que se posterga siempre se complica y la solución pasa, necesariamente, por regresar a la pregunta original.

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