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¿Soporta el mercado más estaciones de FM?

 

 

 

 

Ernesto Piedras | El Economista | 21 de enero de 2016.

A comienzos del año pasado, el IFT dio a conocer a través de la publicación de su Programa Anual de Uso y Aprovechamiento de Bandas de Frecuencias correspondiente a ese año, su intención de licitar frecuencias del espectro radioeléctrico para constituir nuevas estaciones de radio. En este proceso contemplaba asignar 191 estaciones de radio en Frecuencia Modulada (FM) y 66 en amplitud modulada (AM) para uso comercial.

En días recientes, el IFT incorporó modificaciones a su Programa Anual de Uso y Aprovechamiento de Bandas de Frecuencias para este año, publicado en octubre pasado, considerando en esta ocasión un número considerablemente mayor de frecuencias que lo originalmente planteado, al añadir 42 estaciones en FM y 11 en AM para uso comercial. De esta manera, el IFT busca añadir 310 estaciones en localidades diversas de también diferentes características socioeconómicas.

Este ajuste mayor del número de frecuencias nos lleva a cuestionar la efectividad del análisis que realizó el IFT sobre la viabilidad de nuevas estaciones en el mercado.

Al respecto, ya anteriormente en este espacio referimos que la metodología empleada por el regulador para determinar el número de frecuencias por licitar consideraba una muestra de tan sólo 34 localidades, con interés manifiesto por establecer nuevas estaciones. En su construcción, se determinó un parámetro poblacional mínimo promedio de 7,631 personas, para operar una frecuencia comercial, criterio que se encuentra notoriamente por debajo de estándares internacionales de cobertura poblacional por cada estación de radio.

En efecto, el IFT omitió en su cálculo la consideración de características socioeconómicas de cada localidad (demanda) e incluso desestimó las condiciones de operación de las estaciones de radio ya establecidas (oferta). Es decir, que en su construcción metodológica, no modeló los elementos del mercado, como si las capacidades, hábitos y características de una zona de nivel socioeconómico A/B fueran similares a aquellas de una localidad en la Sierra Mixteca, por ejemplo.

Esta desaliñada medición incluso descarta la evolución del comportamiento reciente de los ingresos del mercado publicitario, que resiente la creciente competencia de los medios de comunicación tradicionales (radio y televisión abierta) frente a aquellas plataformas digitales a través de Internet. En números, el ecosistema competitivo en el que los anuncios publicitarios en Internet alcanzaban 6% del total de la inversión publicitaria frente a 9% de la radio en el 2010, para el año 2014 contabilizan 12 y 9%, respectivamente.

Es razonable pensar que la entrada de nuevas estaciones de radio resultaría en la ampliación de opciones de contenidos radiofónicos, con la expansión de su oferta y condiciones competitivas. No obstante, este principio básico de la teoría del mercado no se sostiene en presencia de márgenes estrangulados por altos costos de operación y bajos precios unitarios de los bienes y servicios. Al disminuir por las audiencias el precio unitario de la cantidad demandada de contenidos y publicidad, el modelo de negocio resulta inviable.

En otras palabras, la ejecución de políticas de conectividad basada en análisis con escaso rigor metodológico pone en riesgo la viabilidad de operación tanto de las estaciones nuevas entrantes, como la de aquellas ya establecidas y así, pone en riesgo la oferta de más y mejores contenidos para las diversas audiencias.

Es decir, una política de buenas intenciones basada en una instrumentación subóptima, por decir lo menos, que pone en riesgo a las audiencias de 310 localidades del país.

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