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Tiempo de definiciones

2020.06.09

Vía El Economista

No es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas. O se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país. Así se expresó el presidente López Obrador durante un acto en la refinería de Minatitlán el pasado sábado, durante su tour por el sureste de México. Obviamente el presidente se refería a las posiciones políticas en nuestro país, pero ello no puede quedar ajeno a la visión económica con la que se pretende gobernar este país.

Digo lo anterior porque mientras la economía de México ya había entrado en franco deterioro desde inicios del 2019, y a pesar de que los pronósticos para el 2020 no eran nada halagüeños, sobre todo por los mensajes encontrados y acciones de gobierno que afectaron la confianza de los inversionistas, y aún ante la clara amenaza que representaba la pandemia provocada por el Covid-19, el presidente y su equipo cercano determinaron que no solo había que seguir haciendo las cosas tal como las hicieron en el primer año de gobierno, sino que era el momento de abstraerse de lo que se consideran como políticas públicas razonables en épocas de crisis.

Está claro que el presidente tiene claramente definido el rumbo que él quiere seguir en materia de política económica. Es evidente que no va a cambiar ni un ápice su visión sobre lo que hará que México mejore sus condiciones de desarrollo, y de manera muy especial, el nivel de bienestar de los mexicanos. Sin embargo, también es evidente que está preocupado por la forma en que se están comportando las variables que tradicionalmente se observan para determinar el rumbo de una economía. Eso sí, solo nos habla de las variables que han tenido un comportamiento razonablemente bueno, o nos quiere convencer de que, dentro del complicado escenario por el que atravesamos, hay variables que no han sufrido las fuertes caídas que algunos vaticinaban. El 30 de abril celebraba en la “mañanera” con una amplia sonrisa, que el PIB no había caído como se había pronosticado, pues en el primer trimestre el PIB solo había caído 1.6 por ciento.

En cada oportunidad nos destaca cómo están creciendo los ingresos tributarios a pesar de la crisis; o que el tipo de cambio se está recuperando frente a los niveles que se observaron en marzo y abril. Sin embargo, el consenso de los analistas sigue empeorando poco a poco conforme avanza el año. La estimación más reciente que resulta de la encuesta de Banco de México entre especialistas del sector privado coloca la caída del PIB para este año en 8.16%, y la posible recuperación en el 2021 en un magro 2.51 por ciento. Ello, no es otra cosa que el resultado de la caída en la inversión pública y privada.

No hay forma que el Presidente no pueda darse cuenta del absoluto fracaso que le están generando las políticas deficientemente construidas o la incertidumbre que han provocado diversas decisiones. ¿Ese es el legado que quiere dejar el presidente? Lo dudo. Por ello, como él lo expresó, es tiempo de definiciones, de reconocer que hay que virar el rumbo, de lo contrario la 4T habrá encallado a menos de la mitad de la ruta, y parecerá que quienes estuvieron en contra de la transformación fueron ellos mismos.

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