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Más sobre la reforma eléctrica

Los jueces especializados en competencia económica, radiodifusión y telecomunicaciones frenaron por su evidente inconstitucionalidad.

2021.10.12

Vía El Economista

Conforme transcurren los días, después de conocida la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica, y que podemos escuchar las explicaciones o argumentaciones que provienen de la administración del presidente López Obrador sobre las supuestas bondades de reforma en cuestión, es cada vez más evidente que el capricho y el arrebato ideológico son la gran motivación de esta propuesta. Ya sabemos, a partir de la experiencia anterior con la 4T, cuando se propuso y se aprobó sin mayor reflexión en el Congreso de la Unión, la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, que los jueces especializados en competencia económica, radiodifusión y telecomunicaciones frenaron por su evidente inconstitucionalidad, que un debate real no ocurrirá, que no habrá espacio para la reflexión, ni siquiera ante los evidentes signos de preocupación que expresen nuestros principales socios comerciales por las violaciones a los compromisos internacionales que se actualizarán de ser aprobada y promulgada la iniciativa del presidente.

Para empezar, la exposición que hizo ayer la secretaria Nahle en la conferencia “mañanera”, básicamente fue pura retórica, sin que hubiera acreditado con datos concretos, de fuentes confiables, sus afirmaciones sobre los costos de despacho de las diferentes fuentes de generación. Se enfrascan en querer desacreditar la reforma de 2013 al querer vincularla con el modelo español, como ayer cuando la secretaria Nahle presentó una gráfica sobre la evolución de las tarifas en España con una clara tendencia alcista para los primeros nueve meses de 2021, respecto de lo cual comentó que hacia allá vamos con la reforma de 2013. Sin embargo, en esa misma gráfica, presentaba la evolución de las tarifas en México, mucho más contenida que la observada en España, sin una pronunciada pendiente alcista. Evidentemente, sus argumentos se desarman cuando, con las condiciones actuales derivadas de esa reforma tan vilipendiada, las tarifas en México no se han comportado como las del mercado español, que tanto odian.

Luego, en entrevista de radio, la misma funcionaria se jactaba, hablando con gran orgullo, que el límite artificial que pretenden imponer en la Constitución para que los generadores privados contribuyan cuando más con el 46 por ciento de la energía generada en México, y decía, que “en la ley secundaria se va a establecer un verdadero mercado competitivo, parejo, parejo y competitivo en la ley secundaria” (sic). Es preocupante el grado de alucinación que domina en el pensamiento 4T, cuando bajo la premisa de contener arbitrariamente a los generadores privados, pretenden convencernos de que eso es bueno para lograr un “verdadero mercado competitivo”. Eso es justo lo que no será.

Y el problema es ese, que al no serlo, al atar a los mexicanos a los caprichos de condenarnos a un modelo dominado por un ente que por tradición fue renuente a ver con buenos ojos las opciones de las energías renovables, estaremos atados a los caprichos de las decisiones de inversión basadas en cálculos políticos o en arranques de “generosidad” con alguna región del país; estaremos atados también a la lentitud con la que se toman decisiones en las grandes empresas gubernamentales, lo que se traducirá en un paulatino alejamiento de los grandes avances tecnológicos que en otros países sí se estarán incorporando en sus respectivos sistemas eléctricos, en detrimento de los mexicanos y la competitividad del país.

Y sí, al ser dominado el mercado por un monopolio estatal, podrán mantener las tarifas dentro de niveles aceptables políticamente, pero a costa de los contribuyentes, que deberán financiar las crecientes pérdidas de la nuevamente poderosa empresa estatal. Eso es lo que callan los entusiastas promotores de la reforma. Suponen que no habrá costos, que todo será hermoso.

Solo para terminar, en su fijación con España, ayer el presidente descalificaba que Iberdrola nombró allá a un político, como vicepresidente, y se preguntó “¿qué sabe de la industria eléctrica?”. Él mismo respondió, “Nada, nada, es para este mostrar su prepotencia. Es decir nosotros mandamos”. Y pensar que él hizo algo parecido nombrando a un viejo político en México al frente de CFE.

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