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Lo que viene para el TLCAN

El jueves pasado, el Senado de los Estados Unidos confirmó el nombramiento de Robert Lighthizer como representante comercial de los Estados Unidos, oficina comúnmente referida como la USTR, por sus sigla en inglés. Se trata de un nombramiento clave, pues con ello, la Administración del presidente Trump está ya en condiciones de enviar al Congreso de ese país la notificación por la que informa de su decisión de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ayer lunes, en su discurso al asumir el cargo, Lighthizer hizo gala de la confusión que ha caracterizado a Trump y sus colaboradores en los temas de comercio exterior. Entre otras cosas, afirmó que Trump será recordado “por haber revertido de manera permanente la peligrosa trayectoria del comercio de los Estados Unidos, poniendo primero a Estados Unidos, haciendo a los agricultores, a los ganaderos y a los trabajadores, más ricos y al país más seguro”.

En primer lugar, dudo que los agricultores y ganaderos de los Estados Unidos estén contentos o entusiasmados con la idea de “revertir permanentemente” la trayectoria del comercio exterior de ese país. Las organizaciones de productores vinculadas con el sector agropecuario, tienen más que claro que un beneficio notorio del TLCAN para Estados Unidos ha estado justamente en el tema del sector agropecuario, que les ha permitido multiplicar por cuatro el valor de las exportaciones de ese sector a México y Canadá.

De la misma forma, esa política comercial que hoy cuestionan Trump y su equipo, permitió que el año pasado, el sector agroalimentario de los Estados Unidos exportara un total de 137,000 millones de dólares, lo que generó un nivel de actividad económica en ese sector dentro de Estados Unidos estimado en 423,000 millones de dólares. Si en algo están interesados los agricultores de los Estados Unidos y las organizaciones que los representan es en incrementar el volumen y valor de sus exportaciones, lo que difícilmente lograrán si su gobierno busca anular, reducir o modificar radicalmente los compromisos que en otros sectores se hicieron anteriormente. La postura de Lighthizer, está totalmente en línea con los postulados del gurú de Trump en materia de comercio exterior, Peter Navarro, quien está obsesionado con eliminar o combatir los déficits comerciales que Estados Unidos tiene con países como México, Alemania y China, por citar algunos.

Es importante señalar que Navarro es un economista con doctorado de la Universidad de Harvard, que ha sido duramente cuestionado por economistas prestigiados en los Estados Unidos, quienes han ridiculizado las nociones de economía que están detrás de los postulados de Navarro. Hay quienes incluso lo han ridiculizado en artículos en diarios o revistas por el manejo deficiente o equivocado que hace de lo que se conoce como cuentas nacionales.

Cuánto de la retórica e ignorancia que caracteriza al equipo de Donald Trump en el tema de comercio exterior se reflejará en la versión final del TLCAN renegociado es aún incierto. Sin embargo, si los distintos actores políticos de los Estados Unidos como senadores, diputados, gobernadores e incluso representantes de organizaciones de industrias ejercen una efectiva influencia sobre los objetivos de la Casa Blanca, basados en los posibles efectos negativos para sus representados o sus estados, es probable que el resultado final sea lo que el secretario Ildefonso Guajardo ha comentado en diversas ocasiones, que a la versión actual del TLCAN se incorporen compromisos o disciplinas que se habían incorporado dentro del TPP, repudiado por Trump, pero que para los que verdaderamente entienden de comercio exterior, representaban un avance importante en materia de compromisos, que en el caso de la relación con México complementaban muy bien el TLCAN. Ojalá así sea.

Está claro que hay que trabajar para influir en esos actores políticos que pueden a su vez influir en la Casa Blanca.

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