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La obsesión por el petróleo

2020.08.18

Vía El Economista

Aún cuando la administración del presidente López Obrador no había iniciado formalmente su gestión, ya conocíamos sus planes para construir una nueva refinería de Petróleos Mexicanos, en Dos Bocas, Tabasco, y sus planes para hacer de esta empresa la punta de lanza de su supuesto rescate de la soberanía. Ya iniciado el presente sexenio, se han anunciado diversas medidas de apoyo para la empresa productiva del estado, como el alivio de la carga fiscal dada a conocer en mayo del 2019; el apoyo para refinanciar pasivos por 8,000 millones de dólares, firmado a finales de junio del año pasado; la aportación patrimonial de 5,000 millones de dólares, formalizada en el septiembre siguiente o el estímulo fiscal por 65,000 millones de pesos que el presidente López Obrador decretó en abril de este año.

Los apoyos a Pemex, no solo se limitan a lo financiero o fiscal, también hay que agregar el desmantelamiento o debilitamiento deliberado que se ha emprendido de los órganos reguladores, con instrucciones claras como las que expresó el presidente López Obrador en un ya célebre memorándum que se dio a conocer a los servidores públicos del sector energético en julio pasado; instrumento en el que sin el menor pudor se da instrucciones a dichos entes para frenar o incluso desplazar a otros agentes económicos que ya participen hoy en día en la actividad petrolera en nuestro país, incluída la distribución y venta al público de petroliferos, como la gasolina.

Todo este esfuerzo, bajo la premisa del presidente de “regresar, sin ignorar las nuevas realidades, a la política que aplicaron en su tiempo los presidentes Lázaro Cárdenas del Río y Adolfo López Mateos” estaba encaminado a que Pemex lograra en el 2024 una meta de producción de petróleo crudo originalmente fijada en 2.7 millones de barriles diarios, que ya se redujo a 2.2 millones de barriles diarios; y a una capacidad de refinación que podría llegar a ubicarse en 1.750 millones de barriles diarios, si es que logran terminar a tiempo la refinería de Dos Bocas y llevar a cabo el plan de construir lo que denomina un “tren de refinación” en el complejo petroquímico de La Cangrejera, en Coatzacoalcos.

Esto ocurre en México mientras la mayoría de las empresas petroleras ajustan sus planes, como consecuencia del frenón que provocó la pandemia del Covid-19 y del cambio permanente en los patrones de consumo de energía que se prevén a partir del complicado escenario que se ha vivido en este 2020, que están alejando a muchos países de la energía generada a partir de hidrocarburos. Así lo documenta de manera amplia un artículo de la agencia Reuters, firmado por Laura Hurst el pasado domingo, en el que se da cuenta de una buena cantidad de proyectos petroleros suspendidos de manera definitiva ante los nuevos escenarios de consumo que ya se estiman.

Mientras que cada vez se observa con mayor claridad como el mundo empieza a alejarse de los hidrocarburos como fuente principal de energía, México se empeña en regresar a la primera mitad del Siglo XX y seguir viviendo en el pasado, lo cual no tendría nada de malo, si no es por lo costoso que le saldrá a todos los mexicanos el empeñarse en ese sueño tardío.

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