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La farsa de la “ratificación” de mandato

La farsa de la “ratificación” de mandato

2011.11.17

Vía El Economista

Morena, a través de una supuesta asociación civil, está promoviendo de manera abierta y dolosa lo que ellos llaman consulta para “ratificación” del mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con pancartas y anuncios en plazas públicas pretenden realizar el “ejercicio ciudadano” de juntar firmas de, al menos, el tres por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores y en por lo menos diecisiete entidades federativas, en las que firme al menos el tres por ciento de los ciudadanos de cada una de dichas entidades. Aquí hay un problema de constitucionalidad gravísimo: la constitución establece que es un derecho de los ciudadanos, y no del gobierno o los partidos políticos, solicitar la revocación de mandato del presidente. La Constitución dice expresamente que los ciudadanos pueden pedir la revocación del mandato del presidente, pero no hay disposición alguna que les permita solicitar una votación para que se le “ratifique” en el cargo. Si toda la propaganda de Morena y el gobierno está diseñada para reunir firmas para solicitar la “ratificación” de López Obrador, entonces todas las firmas recabadas con esa artimaña deberían de ser nulas. Los ciudadanos sólo pueden pedir la revocación del mandato del presidente por haberle perdido la confianza; de ninguna manera pueden pedir su “ratificación”. Así, si los ciudadanos son engañados por Morena y el gobierno al hacerles creer que lo que están pidiendo es la “ratificación” en el cargo del presidente de la República, todo el ejercicio de revocación estaría viciado de nulidad desde el origen, dado el evidente dolo con que se pretende engañar a los ciudadanos. Si el Instituto Nacional Electoral (INE) no ejerce todo su poder para ponerle fin a esta dolosa campaña de desinformación en la recolección de firmas, estaría convalidando tácitamente una flagrante violación a la Constitución y una aberrante desnaturalización de la figura constitucional de revocación de mandato.

Si al engaño de Morena y López Obrador añadimos que para ser vinculante el resultado de la consulta debe haber participado, por lo menos, el cuarenta por ciento de los electores, se ve muy difícil que este ejercicio llegue a tener alguna utilidad. Primero, las firmas recabadas con dolo estarán viciadas de nulidad y, segundo, es muy poco probable que el cuarenta por ciento de los ciudadanos participe de esta farsa. Es por ello que el presidente, Morena y sus rémoras recortaron en cinco mil millones de pesos el presupuesto del INE. No les interesa que la consulta se lleve en cumplimiento al texto constitucional, lo que quieren es que fracase para poderle atribuir ese fracaso al propio Instituto, y, así, reforzar el golpeteo político a la institución mejor calificada por los ciudadanos, muy por encima de la aparente popularidad del presidente López Obrador.

El INE debe demandar inmediatamente la controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación en contra del presidente de la República y de la Cámara de Diputados, por no haberle asignado el presupuesto necesario para cumplir con el texto constitucional en materia de revocación de mandato y, por supuesto, solicitar la suspensión de todos los actos relacionados con ésta, en tanto no se resuelva el asunto del presupuesto.

El INE debe ser firme y no dejar pasar una sola de las violaciones a la Constitución que la 4T está cometiendo en su afán de desprestigiar al árbitro electoral. Su prestigio después del éxito de las elecciones intermedias de este año aún lo cobija. No hay lugar para cálculos políticos o cobardía. Cada paso que avance López Obrador en su campaña de desprestigio es un paso en contra de la permanencia del INE como árbitro imparcial de la aún débil democracia mexicana, y no se podrá recuperar.

Existe, por otro lado, una arista interesante: si López Obrador se sale con la suya, es posible que el veinte por ciento de la lista nominal, más un voto, logren removerlo de la presidencia. Sé que él considera este escenario como imposible, pero los números de la oposición unida en las últimas elecciones dicen otra cosa. Sería interesante analizar cómo un berrinche se convierte en defenestración.

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