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México en la métrica de la OCDE

Ernesto Piedras/ El Economista

En días pasados, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó el más reciente Communications Outlook 2013, el cual reporta una vez más a nuestro país en posiciones rezagadas en diversos sentidos, ocupando, en la mayoría de los casos, el último o penúltimo lugar entre los países analizados.

El reporte no sólo indica que tenemos una baja penetración de los diferentes servicios de telecomunicaciones, como telefonía -fija y móvil-, TV de paga e Internet, a los niveles de precios más elevados, sino que además mantenemos un gasto en investigación y desarrollo e inversiones muy por debajo del promedio, lo que resulta en uno de los niveles más bajos de productividad. Así, no es de sorprender que México aparezca en rojo en varios aspectos respecto a la cobertura, calidad, competitividad de precios y grado de competencia.

Resulta fundamental analizar las penetraciones de los servicios de telecomunicaciones, ya que son el indicador más acertado para reflejar los niveles de adopción entre la población, mostrando el alcance de las telecomunicaciones en el interior del país. La telefonía fija presentó una penetración de 18% al momento en que se realizó el análisis, aunque el promedio de la OCDE alcanza 34.5% y las telecomunicaciones móviles presentan en México una penetración de 86.6, contra 108.8% de la OCDE, mostrando diferencias significativas. México también cuenta con una limitada penetración de banda ancha, con 11.1% para la fija y 9.8% para la móvil, mientras el promedio de la Organización asciende a 25.9y 56.5%, respectivamente. Podemos seguirnos con el resto de los indicadores, como la velocidad de descarga o el precio de los servicios, donde el país deja mucho que desear.

Como resultado, México está dejando sin acceso a una gran cantidad de mexicanos, perdiendo competitividad frente a países que, para bien o para mal, ¡representan la liga en la que jugamos!

Además, nueve de cada 10 elementos de todo lo que intercambiamos con el mundo tiene que ver con países de esa Organización: flujos financieros, capital humano, insumos, mercancías y claro, comunicaciones. Con todo, la productividad de nuestras empresas compite con las de aquellas naciones, así como la competitividad de nuestro país.

Precisamente, por esta razón es que los objetivos de política pública que se han planteado recientemente, especialmente la reforma, buscan llevar a México a los niveles de penetración que mantiene el promedio de la OCDE, para así lograr la competitividad que México necesita. Por ello, es importante realizar un análisis de los mexicanos que aún falta por conectar, para alcanzar estos objetivos.

Las telecomunicaciones móviles han demostrado ser el servicio con mayor adopción entre los mexicanos, pero para poder alcanzar el promedio de la OCDE se necesita llevar el servicio a 25.8 millones de mexicanos, que aún no lo tienen. Respecto de la conectividad, necesitamos conectar a 54.9 millones de usuarios mediante banda ancha móvil y 17.4 millones de conexiones adicionales de banda ancha fija, para alcanzar el objetivo deseado, cuadruplicando la velocidad de descarga que tenemos actualmente. Finalmente, las telecomunicaciones fijas tienen un déficit de 19.4 millones de conexiones para llegar al objetivo, pero dado que las telecomunicaciones móviles han logrado ser un importante sustituto, es posible dejar de lado este objetivo si se alcanza la comunicación permanente mediante la movilidad.

Es claro que las metas son muchas y muy elevadas, pero al menos ya tenemos objetivos a los cuales aspirar y, una vez definidos, toca garantizarlos al corpus institucional encargado de implementar la reforma, con un estándar internacional de calidad y a precios accesibles para todos.

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