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Espectro / El canto de los millones

Javier Tejado
Reforma
Inusuales protestas de legisladores, alcaldes y funcionarios públicos están recibiendo las empresas del ingeniero Carlos Slim en Colombia, en particular la empresa telefónica Claro, filial de América Móvil (Telcel). A grado tal son los diferendos y lo que está en juego que el propio ingeniero Slim, acostumbrado a cuidar y planear sus salidas a medios, tuvo que improvisar una serie de argumentos al ver en peligro la participación de mercado de la que goza su empresa.
El ingeniero Slim dio una conferencia de prensa en Colombia en la que recordó a los colombianos que su empresa de telefonía móvil, Claro, tiene programado cerrar el 2012 con una inversión en ese país de 960 millones de dólares; y, que si le permiten participar en la próxima subasta de espectro que ha estructurado el Gobierno colombiano, entonces estaría dispuesto a invertir otros mil millones de dólares en 2013.
Lo anterior viene a colación porque en las últimas semanas ha venido tomando fuerza una especie de movimiento político-social en ese país que se opone a permitir que el operador Claro siga reinando sin controles en el mercado de telecomunicaciones colombiano. De acuerdo con un documento del Ministerio de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información, de Colombia, Claro mantiene el 62 por ciento del mercado móvil medido en número de usuarios, y de 74 por ciento medido en términos de la utilidad obtenida De tal suerte que en la más próxima subasta de espectro radioeléctrico, el regulador colombiano estaría limitando la participación de Claro a sólo 20 MHz. Además, también se discute en el Senado colombiano un proyecto de ley antimonopolios que limitaría el porcentaje de mercado de Claro a un máximo de 30 por ciento.
De una revisión rápida de lo que aparece hoy en medios colombianos -particularmente lo que se lee en Twitter y los comentarios que los lectores de los periódicos han estado haciendo en los portales de estos en internet- se observa que los colombianos no cayeron en el garlito. Es decir, no están de acuerdo que se les lleve a una esquina y se les coloque en una situación tal que tengan que aceptar que el Ing. Slim invierta en Colombia sólo si se le permite seguir acumulando poder de mercado.
Y esto porque los colombianos ya se dieron cuenta de lo que ha venido ocurriendo en México en los últimos años, donde Telcel y Telmex dominan por mucho los mercados de comunicaciones móviles y fijas, con un 75 por ciento en el primero y un 80 por ciento en el segundo. Pero justo en la medida en que las empresas del Ing. Slim han afianzado su dominancia en estos mercados, sus inversiones siguen una tendencia a la baja, independientemente del indicador de desempeño que se utilice: inversiones como proporción de los ingresos o inversiones por usuario. Esto es, en un clásico estilo depredador invierten hasta tomar el control y desplazar a la competencia Una vez hecho esto, dejan de invertir en ese país en búsqueda de nuevas inversiones y crecimiento en otro.
Por ejemplo, mientras en Brasil -país en donde su telefónica enfrenta fuerte competencia-, invierte 673 pesos por usuario; en Colombia -que ya tiene una buena parte del mercado asegurado- su inversión baja a 388 pesos por usuario; y, en México -donde es el dominante absoluto- invierte apenas 129 pesos.
Otro dato: mientras en Brasil invierte el Ing. Slim el 24 por ciento de sus ingresos, en Colombia es apenas el 19.1 por ciento y en México invierte el 5.3 por ciento.
En cambio, en México, son los operadores que le compiten a Telcel y Telmex los que en los últimos años han invertido de manera conjunta más que lo que invierten las empresas dominantes. En el 2011, la inversión hecha por los competidores representó el 58 por ciento del total.
Dicho de otra forma, lo que gastamos en México en telefonía en las empresas del Ing. Slim se usa para financiar la expansión de éste en otras latitudes y no para mejorar el sistema telefónico nacional.
Este es justo el dilema que enfrentan los colombianos. Si le dejan tener una mayor participación, arriesgan un mal servicio, que el resto de los pequeños operadores tenga barreras artificiales para poder competir y que recursos colombianos se usen en inversiones en otros países. Por ello los colombianos quieren regular con extremo cuidado a Claro. De la misma forma que las autoridades mexicanas deberían haber regulado hace años a Telcel y Telmex.
Pero en México seguimos en el eterno debate de quién debería ser el regulador de las telecomunicaciones (SCT, Cofetel o una nueva dependencia) y si se debiera privilegiar el aspecto técnico o el político.
** Cambiando de tema…
Las decisiones de la SCJN en interconexión y de convalidar “externalidades” en éstas abren la puerta para que la Cofetel dicte el día de mañana tarifas asimétricas. Lo que han hecho los principales reguladores del mundo para reconocer la diferencia de tamaños entre redes de operadores.

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