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El nuevo Pacic, reflejo de desesperación

vía El Economista.

El presidente López Obrador no deja de sorprender con lo argumentos que utiliza para defender sus decisiones de política pública. Llama la atención que en aras de no ver mermada su popularidad por el comportamiento alcista de los precios, es capaz de poner en riesgo no solo la capacidad de México y sus productores agropecuarios para incrustarse de manera eficaz en los mercados internacionales, sino más grave aún, la salud de los mexicanos. Así lo mostró en la mañanera de ayer.

Desde que se anunció la nueva versión del Plan Contra la Inflación y la Carestía (Pacic), quedó de manifiesto que en su desesperación por tratar de evitar que la tasa de inflación se salga de las manos, el gobierno del presidente López Obrador es capaz de experimentar con políticas que hacen a un lado la responsabilidad del Estado Mexicano para vigilar que los alimentos o productos que se importan al mercado mexicano cumplan con los controles fitosanitarios o zoosanitarios que México ha exigido hasta ahora a las importaciones agroalimentarias, tal como lo hacen todos los países, bajo el argumento de que los trámites son excesivamente burocráticos o bien, que los funcionarios a cargo de esta tarea llevan muchos años en esa función administrativa.

Según el presidente, dado que es un acuerdo a partir de la buena voluntad, los empresarios que reciban la licencia o permiso para importar alimentos con la exención en materia fitosanitaria y de sanidad, se deberán hacer cargo que “esos alimentos estén bien, que no enfermen a la población, pasa algo tú eres el responsable, pero confiamos en ti”.

Aquí hay de dos sopas, o es extremadamente ingenuo o de plano no quiere reconocer que en ausencia de medidas que protejan la sanidad de los cultivos o los animales, así como la salud de las personas, y peor, en ausencia de instituciones que supervisen que dichas medidas se cumplan, habrá incentivos perversos para que más de una empresa se sienta atraída, por la posibilidad de obtener ganancias extraordinarias, de traer a México alimentos que ya no cumplan con los estándares de calidad o con las normas sanitarias en otros países.

Es de esperarse que bajo este marco laxo, de ausencia del Estado, se presenten situaciones indeseables en materia de salud pública, porque se importó carne en mal estado de otro país, o bien, situaciones en materia de sanidad vegetal, porque se importaron granos expuestos a una plaga, lo que podría afectar a su vez a otros cultivos, en este caso de exportación, que podrían ser objeto de controles o restricciones futuras por parte de las autoridades de Estados Unidos, que con justa razón tendrían elementos para evitar poner en riesgo cultivos de aquel país.

Así que bien puede considerarse que las nuevas medidas contra la inflación tienen una importante carga de irresponsabilidad, que solo pueden explicarse por la desesperación por evitar que la inflación le pase el costo a la popularidad del presidente, y por tanto, a la propuesta de candidatura presidencial de su partido, de cara a las elecciones del 2024. El tiradero o los problemas fitosanitarios o de salud humana que puedan surgir por esta reciente política, que lo resuelvan ya los que lleguen después, primero está la popularidad, faltaba más.

Al referirse a los precios de garantía -que está usando como instrumento para según apoyar a los productores- el presidente llegó al extremo de afirmar, con falsedad, “que nunca habían existido, bueno sí, durante el gobierno del General Cárdenas. Entonces ahora hay un precio de garantía para el maíz, precio de garantía para el frijol, precio garantía para el arroz, precio de garantía para la leche…”. Eso no es verdad, los precios de garantía existieron en México desde los años treinta hasta los noventa, del siglo pasado, con un costo fiscal enorme para los contribuyentes. Fueron eliminados por eso, por el alto costo y por los incentivos perversos que generaban, que incluso provocaban el desmonte de bosques o selvas o la erosión de tierras, en perjuicio del medio ambiente y del desarrollo sustentable de nuestro país.

*El autor es economista.

@GerardoFloresR

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