El estancamiento con la 4T

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2019-11-05

La semana pasada conocimos el dato que el Inegi publica como la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) Trimestral, para el tercer trimestre de este año. En comparación con el mismo trimestre del 2018, el PIB habría sufrido una caída de 0.4 por ciento. Al comparar el desempeño de la economía entre enero y septiembre del 2019 frente al mismo lapso del 2018, resulta que la tasa de crecimiento del PIB es de 0 por ciento.

Si bien es cierto que la mayoría de los analistas esperaban un pobre desempeño del PIB en el tercer trimestre, las estimaciones se ubicaban en una caída de sólo 0.1%, no de 0.4% como dio a conocer Inegi. Había varios indicadores que permitían anticipar un mal resultado para el período julio-septiembre. Por ejemplo, el descenso en las importaciones de bienes de capital, que desde abril pasado han venido mostrando una caída respecto a lo observado en el mismo mes del 2018, y que son simplemente un síntoma del debilitamiento de la actividad productiva en nuestro país en los meses subsecuentes.

Por el lado de las exportaciones, si bien éstas han crecido prácticamente todo el año, muestran signos de desaceleración. De hecho, en septiembre, el valor de las exportaciones de México mostró un descenso de 1.3% frente a lo exportado en septiembre de hace un año.

Otro indicador, las ventas de automóviles, que también está mostrando un desempeño desfavorable en comparación con lo observado entre enero y septiembre del año pasado. Ayer tan sólo el Inegi reportó que entre enero y octubre se ha vendido casi 8 por ciento menos vehículos que en el mismo período del 2018.

De igual forma, el pobre desempeño de la inversión pública auguraba un mal resultado para el tercer trimestre. De acuerdo con los reportes mensuales de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la inversión del sector público ha caído en 14.4% en términos reales, frente a lo observado en los primeros nueve meses del 2018.

Ahora bien, la cuestión va más allá del desempeño de la economía en el tercer trimestre. En este espacio he venido refiriéndome al deterioro de las expectativas sobre el crecimiento del PIB de nuestro país en este 2019. Así, mientras a principio de año los especialistas consultados por el Banco de México anticipaban que la economía crecería a una tasa anual de 1.8%, para octubre de este año ya habían ajustado su estimación promedio a sólo 0.26 por ciento. Lo preocupante, además del deterioro en la expectativa de crecimiento, es el deterioro en la percepción que los especialistas reportan al Banco de México, por ejemplo sobre si es buen momento o no para hacer inversiones en México. En octubre, 65% de los especialistas respondió que es mal momento, mientras que ninguno se atrevió a sugerir que sí sea buen momento.

En este contexto, Citibanamex ajustó su estimación, de una tasa de crecimiento de 0.2% a una tasa negativa de 0.1%, es decir, una caída en el PIB. Por su parte, Bank of America Merrill Lynch difundió el jueves pasado un reporte en el que comunicó la actualización de sus estimaciones, de una tasa de crecimiento estimada previamente en 0.5% para este año pasaron a una tasa de 0.0%, es decir, nulo crecimiento. Por su parte, Bursamétrica estima que la tasa de crecimiento del PIB del 2019 se ubicará en un rango que va de -0.2 a 0.2 por ciento.

El problema no es sólo el mal desempeño del tercer trimestre, sino que no se observa que el gobierno federal esté haciendo los ajustes necesarios a su programa económico. No se observa una determinación para corregir la percepción de incertidumbre que se ha fortalecido en el presente año. Por lo mismo, para el 2020 la expectativa de crecimiento se ubica en 1.0 por ciento. En resumen, lo que hasta ahora ha ofrecido la 4T es estancamiento económico, ninguna otra cosa.

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