A la 4T le quedan solo 46 meses

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2020.12.01

Vía El Economista

Ayer concluyó el primer tercio de la gestión del presidente López Obrador. En realidad un poco más de un tercio, porque hay que recordar que a partir de ahora, los sexenios concluirán el 30 de septiembre. Así que ya solo le restan 46 meses a su administración. Como bien lo han experimentado quienes han tenido el privilegio de encabezar una tarea de gobierno, se han ido como agua entre los dedos, me refiero desde luego al presidente, porque por más que quiera transmitir un mensaje sobre los innumerables logros obtenidos, no tengo ninguna duda que en su yo interno debe existir una sensación de incumplimiento, acompañada de una especie de tensión, por el cada vez menor tiempo que le queda para poder construir lo que algún día soñó sería su legado como presidente de México.

Ayer en su conferencia mañanera, al referirse a los proyectos de infraestructura que se ha empeñado en desarrollar a pesar de que se inscriben en el contexto de los requerimientos que enfrentaba México en la década de los setenta y no en lo que requiere México para un horizonte distinto dominado por el cambio tecnológico, las energías limpias, la hiperconectividad y el alejamiento de los combustibles fósiles, el presidente afirmó -con un semblante que rayaba en lo presuntuoso- que “…todo esto es lo que está ayudando a que salgamos de la crisis económica y sea pronto, yo estimo que para el próximo trimestre, los primeros tres meses del año próximo ya, este, regresamos a la situación en que nos encontrábamos antes de la pandemia, ese es mi pronóstico, de que vamos a poder, eh, recuperarnos y vamos a empezar a tener ya un mayor crecimiento económico…”.

Lamentablemente para los planes del presidente y tristemente para el bienestar de los mexicanos, al cierre del tercer trimestre de este año, el valor de todo los bienes y servicios que se produjeron en México y lo que se invirtió, se ubicó al mismo nivel de lo que se registró entre el tercero y cuarto trimestre de 2014. Es posible que en efecto, al cierre del primer trimestre de 2021, ese valor de lo producido y lo invertido regrese al nivel que se observó al cierre del primer trimestre de 2020. Lo que no dice el presidente es que, en virtud de la muy mala gestión de la economía durante su primer año de gobierno, regresar al nivel previo a la pandemia implica que estaríamos regresando a los valores del PIB observados en el segundo semestre de 2017. De ese tamaño es la mediocridad que nos ofrecen, que aspiremos a regresar al pasado para empezar a recorrer nuevamente el camino que ya habíamos iniciado hace tres años.

Es un hecho en cuanto al desafío para recuperar no solo el número de empleos creados y el valor de lo que se produce e invierte en México, sino también mejorar el ritmo de crecimiento sostenido con el que se venían comportando estas variables, los 46 meses que le quedan a esta administración serán simplemente insuficientes.

La prospectiva para los ingresos del gobierno no es alentadora, menos la que tiene que ver el ejercicio del gasto en ese contexto de menores ingresos. Las apuestas irreflexivas para tratar de levantar infructuosamente la producción de Pemex, para descarrilar la inversión privada en el sector eléctrico, el menosprecio por las energías limpias y el desconocimiento mayúsculo sobre lo que necesita México términos de cobertura y capacidad en materia de telecomunicaciones, combinados con un incremento significativo en el número de mexicanos en situación de pobreza, perfilan un México con mayor incertidumbre y con menos capacidad para crecer, y por tanto, con menos margen para impulsar una mejor distribución del ingreso. Ese es el legado que se asoma al inicio del segundo tercio de la gestión de la 4T.

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