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La infraestructura del mundo digital: cables submarinos

cables submarinos

2021.06.15

Vía Dinero en Imagen

La actividad en internet se sostiene mediante una red de cables submarinos cuyo trazo es reflejo de la irrupción de los gigantes tecnológicos y de la creciente disputa geopolítica entre las superpotencias. Si bien es técnicamente viable transmitir información por vía satelital, el 99 por ciento del flujo global de datos transita por una red de, aproximadamente, 420 cables submarinos de fibra óptica que atraviesan los océanos. Esta red de 1.2 millones de kilómetros es el sistema circulatorio de la información global.

Originalmente, estos cables eran instalados por empresas de telecomunicaciones especializadas que rentaban el servicio de transmisión, sin embargo, a partir de 2016 ha habido un auge en la construcción de cables privados instalados por las grandes empresas tecnológicas. En sólo cuatro años, las Gafam (Google, Facebook, Amazon y Microsoft) han pasado de subcontratar todos sus servicios de interconexión, a controlar el 80% de la capacidad de ancho de banda por cables submarinos a través del Atlántico.

El mapa global de los cables submarinos refleja la distribución internacional del poder, con una gran densidad en el eje este a oeste y Estados Unidos como el país con mayor concentración de nodos de aterrizaje. En el eje vertical (de norte a sur) la densidad de la red es mucho menor, aunque sigue expandiéndose para facilitar la ampliación de mercados. En días recientes, Google anunció la construcción de Firmina, un cable submarino que irá de Estados Unidos a Argentina, con extensiones adicionales hacia Brasil y Uruguay, fortaleciendo el eje hemisférico de la comunicación digital.

Comprensiblemente, esta infraestructura crítica es motivo de preocupación central de las agencias de inteligencia y seguridad nacional por el efecto desestabilizador que tendría una disrupción en el servicio.

Los cables enfrentan peligros naturales, como el desplazamiento por corrientes y terremotos, y artificiales, como la interferencia de barcos rastreros. También son susceptibles de intervención para efectos de espionaje: en 2013, Edward Snowden reveló que La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tenía intervenidas las estaciones de aterrizaje en Estados Unidos y en la última cumbre de la OTAN se detectó un creciente interés de los submarinos rusos por las rutas de los cables submarinos.

El despliegue de cables submarinos es una más de las fronteras de la competencia tecnológica entre China y Estados Unidos. En el último año, se han frustrado dos proyectos para conectar a California con Hong Kong por temor a que sean utilizados como medio de espionaje. Resulta poco factible en el futuro previsible que se logre tender un cable submarino adicional a los cuatro que actualmente conectan a las dos superpotencias. De manera semejante, la competencia estratégica ha motivado la cancelación de licitaciones financiadas por el Banco Mundial en terceros países para impedir la contratación de empresas chinas con ofertas competitivas.

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La vulnerabilidad de cada país depende del número de cables que lo conectan con el mundo y del destino de éstos. Europa es fuertemente dependiente de sus conexiones con Estados Unidos, mientras que la vulnerabilidad de China es prácticamente nula. No sólo tiene resuelto el flujo de datos en su territorio, sino que también ha empujado la construcción de sus propias “rutas digitales de la seda” para ampliar y consolidar su influencia global.

 

* Profesor de geopolítica y relaciones internacionales en el Tec de Monterrey.

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