Inteligencia artificial, un jardín de (cotidianas) maravillas

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2019-09-05

El concepto de inteligencia artificial (AI), definido como la capacidad de un agente (una pieza de programación, un robot, un vehículo) para  aprender y reaccionar en forma autónoma a su entorno existe desde hace siglos. Ya en la Enciclopedia publicada en Francia durante el siglo XVIII se hablaba de androides capaces de simular un ser humano, pero en el mundo contemporáneo los sistemas de IA son, más que máquinas humanoides, piezas de programación que analizan masivas cantidades de datos y detectan patrones que traducen en conocimientos útiles para realizar las tareas que se les asignan.

Es impresionante la capacidad de los mecanismos de IA para superar a los humanos en tareas que hasta hace poco dominaban: en 1996 un sistema llamado Deep Blue venció al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov y ahora los sistemas de IA dominan juegos que van de Ms. Pac-Man hasta StarCraft II. Más inquietante es la velocidad con la que adquieren dichas habilidades: AlphaZero, un sistema de AI creado por una subsidiaria de Google aprendió ajedrez y adquirió capacidades similares a las de un gran maestro en el juego tras apenas cuatro horas de entrenamiento.

Estas capacidades de aprendizaje automatizado y de veloz capacidad para detectar patrones permiten sustituir el trabajo de humanos en tareas relacionadas con clasificación y detección de anomalías. Por ende, no extraña que gobiernos y empresas busquen echar mano de la IA lo para agilizar sus operaciones e incluso ya existen algunas partes de nuestra vida cotidiana donde esta tecnología ya funciona detrás de bambalinas:

Tu celular (realmente) inteligente: Algunos de los teléfonos móviles más recientes  de empresas como Apple y Huawei incorporan un chip llamado Neural Process Unit (NPU) que se encarga de tareas como ubicar elementos comunes en fotografías tomadas con el celular para crear álbumes personalizados, identificar la huella digital o el rostro del usuario para que pueda acceder al dispositivo e incluso detectar patrones de consumo energético para optimizar el manejo de la batería.

Correos que te conocen: Es algo tan sencillo que parece irrelevante. Algunos proveedores de correo electrónico como Gmail habilitan una opción de breves respuestas automáticas y donde el usuario solo debe seleccionar la que considere más adecuada. De hecho Google (la empresa dueña de Gmail) anunció el año pasado que desplegaría una capacidad llamada Smart Compose donde en lugar de sugerir respuestas breves, podrá sugerir oraciones completas. Esta funcionalidad es posible gracias a un sistema de IA capaz de interpretar el sentido de las palabras escritas y sugerir aquellas que más se acercan a las intenciones del usuario.

Asesor de silicio: Algunas tiendas departamentales y aerolíneas mexicanas ya ofrecen asistentes de venta de boletos y gestión de crédito por medio de asistentes que pueden interactuar (si bien de manera limitada) con el público vía texto dentro de sus perfiles en redes sociales para orientar sobre horarios de vuelos o el estado de una solicitud de crédito.

La banca robótica: Las instituciones financieras han sido quizá de las más entusiastas en adoptar mecanismos de IA y se estima que hasta 80% de las instituciones financieras del país tienen algún tipo de inteligencia artificial en sus operaciones de ayuda para la detección de operaciones sospechosas o el análisis de riesgo crediticio, aunque se espera que en poco tiempo los sistemas de IA se harán cargo de tareas más sofisticadas como la atención personalizada y la selección de instrumentos financieros para sus clientes.

Ante el rápido avance de esta tecnología, ¿los humanos seremos reemplazados por la IA y terminaremos esclavizados por nuestras creaciones como lo muestran las películas Matrix o Terminator? Nadie tiene la respuesta, pero un punto de vista positivo lo muestra el escritor estadounidense Isaac Asimov, uno de los primeros en abordar a profundidad las implicaciones de la IA en la sociedad humana y quien escribió que, “las máquinas podrían ser la verdadera fuerza humanizadora. Podría ser que las máquinas hagan el trabajo que hace la vida posible mientras que los humanos harán las cosas que hacen la vida agradable y provechosa”.

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