TV para AMX: cada vez más lejana

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Gerardo Soria

 

 

 

Gerardo Soria | El Economista | 14 Octubre 2015

Como señalé en este espacio la semana pasada, para que América Móvil (AMX) pueda prestar servicios de televisión en México debe cumplir, por lo menos, con cuatro requisitos: 1) estar en cumplimiento de sus obligaciones como agente preponderante en telecomunicaciones; 2) estar en cumplimiento de sus títulos de concesión; 3) estar en cumplimiento de la Constitución y la ley, y 4) acreditar que, de autorizársele prestar el servicio de televisión restringida, no se corre el riesgo de que se convierta en agente con poder sustancial en ese mercado.

Es precisamente por el punto 4) anterior por el que los medios afines a AMX y todos los “expertos” que están en su nómina y que se hacen pasar por académicos u organizaciones de la sociedad civil (cualquier cosa que eso signifique) pelearon con uñas y dientes el que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) declarara a Televisa agente con poder sustancial en el mercado de televisión restringida. La lógica es simple: si ya hay un operador dominante no puede haber otro, aunque ese otro tenga 80% de los accesos al usuario final en México, la única verdadera red troncal en todo el país y sea el operador de televisión restringida más grande de Latinoamérica.

Querían que el IFT declarara a Televisa dominante para que AMX pudiera acreditar que no se corre el riesgo de que ella lo sea, cuando es evidente que lo sería de manera inmediata. Lo que requiere un operador de televisión restringida para dominar el mercado es el mayor número de casas pasadas. De hecho así se valúan estas redes. Y no hay manera de ocultar que AMX tiene, por mucho, el más alto número de casas pasadas en todo el país. Otro requisito esencial es acceso a contenidos preferentes, y tampoco hay duda de que AMX, al ser el mayor operador de televisión restringida en América Latina a través de su marca Claro, los tiene. Su tamaño es tal, que como lo hizo en todos los demás servicios de telecomunicaciones, seguramente podría fijar precios y desplazar competidores. Así es que, señores, formulemos otra vez la pregunta: de autorizársele la televisión a AMX, ¿quién sería el operador dominante?

Los “desinteresados” defensores de AMX ahora tratan de confundir, una vez más, preponderancia con poder sustancial, y han argumentado que como el IFT determinó que a pesar de su porcentaje de participación de mercado, Televisa no tiene poder sustancial porque no puede fijar precios ni desplazar a competidores, a AMX se le eliminarán las obligaciones de preponderancia y se le autorizará dar televisión. Nada más falso. Aquel que tenga 50% o más del sector telecomunicaciones o radiodifusión es preponderante en el sector, y no es necesario acreditar los extremos de la Ley Federal de Competencia Económica (como poder fijar precios o desplazar competidores), que sí aplican para la figura de poder sustancial. No se deje engañar. Hay mucho hablador.

Es cierto que la competencia en telecomunicaciones está funcionando y que Telmex ha bajado sus precios, pero esto es una reacción a la competencia disruptiva de Izzi, a la entrada de nuevos competidores de gran calidad como Total Play y a la consolidación y búsqueda de nuevos modelos por parte de operadores como Alestra y Axtel, no por generosidad. Hasta antes de la reforma, AMX se comportó como el clásico monopolio extractor de rentas.

La competencia aún es incipiente. Se mueve, pero aún no madura, y cualquier coletazo de AMX la puede destruir, como lo hizo a finales de los años 90 y la primera década de este siglo. El IFT ha visto el bosque sin perderse en la mirada absorta del árbol. Esperemos que siga así.

Falta, aún, resolver la simulación Telmex-Dish y el beneficio ilícito de la regla de gratuidad del must offer por parte de AMX; las ilegales ofertas triple play (voz, datos, televisión) por parte de Telmex y las ofertas públicas de referencia de AMX. Estaremos pendientes.

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