Trump-Petit

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En la versión estenográfica de la sesión del pleno del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) celebrada el 24 de febrero, se lee, en palabras del comisionado Fromow:

“[…] se dice que nosotros emitamos una nueva resolución pronunciándonos si existió o no, o bueno, si existe un agente con poder sustancial, cuando el Magistrado ponente, Jean Claude Tron, en twitter, en una manifestación pública el 17 de febrero de este año, si no tengo mal la información, creo que fue a principios de febrero, dijo: – IFT debe declarar quién tiene poder en mercado TV restringida y aplicar medidas conforme a encomienda prevista en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión -. O sea, ahí ya nos está, al menos, está mandando el mensaje no sé a quién, de que nosotros, lo que es nuestra obligación, porque utiliza la palabra “debe”, es de decir quién tiene poder en este mercado, no si tenemos, no nos deja, inclusive según él a decir que no existe, y, además, algo interesante, nos acota a un periodo en el Tribunal y después nos dice que ahora sí, para las medidas asimétricas, pues tomemos en cuenta la situación actual. Algo, por decirlo así, interesante […]”.

Es decir, no contento con leer en la ley lo que la ley no dice, el protagónico magistrado del Primer Tribunal Colegiado de Circuito en Materia Administrativa Especializado en Competencia Económica, Radiodifusión y Telecomunicaciones, Jean Claude Tron Petit, utilizó twitter para tirar línea al IFT sobre el sentido en que ese órgano constitucional autónomo debía resolver una investigación en materia de competencia económica.

Si bien la sentencia del amparo 1675/2015 obligó al IFT a cerrar los ojos a la realidad actual del mercado y -en una resolución burocrática y absurda- circunscribirse exclusivamente a hechos ocurridos antes de septiembre de 2014, al magistrado tuitero le pareció que su sentencia no era lo suficientemente clara y los comisionados del IFT podrían resolver en un sentido distinto al que él buscaba, así es que acorde con la moda impuesta por el presidente de los Estados Unidos, tomó su teléfono y con un tuit les quitó cualquier autonomía, obligándolos a resolver que sí o sí había un agente con poder sustancial en el mercado de televisión restringida.

Este exceso del pequeño Trump, el magistrado Trump-Petit, va en contra de sus atribuciones en materia de control de la constitucionalidad y pretende arrogarse facultades de regulación que de ninguna manera tiene. Una cosa es declarar que un acto administrativo del IFT es inconstitucional y obligarlo a reponer el acto, y otra muy distinta utilizar twitter para corregir el texto de una sentencia y hacerle saber al público y al IFT el sentido en que debe resolver asuntos para los cuales tiene autonomía y jurisdicción plena.

A ver si el Consejo de la Judicatura no termina obligando al magistrado Trump-El Pequeño, a excusarse de futuros asuntos dada su proclividad a modificar sentencias y tirar línea a través de twitter. Por lo menos, en este caso, así es como expresamente lo entendieron los comisionados del IFT.

Y es que esto de la diarrea digital no sólo es un problema que trae de cabeza a los Estados Unidos y al mercado cambiario. Cada día son más los funcionarios públicos, reguladores y jueces que con un enfermizo afán de conseguir followers les da por violar el más elemental secreto profesional y se ponen a cacarear los asuntos que llevan y la forma en que pretenden resolverlos, violando principios básicos del debido proceso.

Tal es el caso, también, de María Elena Estavillo, comisionada del IFT, quien inmediatamente después de la declaración de dominancia de Televisa en el mercado de televisión restringida, se puso a pontificar en medios sobre las medidas que se le impondrían a esta empresa, aún y cuando no ha empezado procedimiento administrativo alguno que permita determinar las medidas que, en su caso, puedan resultar convenientes y oportunas. Tan es así, que ya existe una solicitud para que la comisionada Estavillo se excuse de participar en discusión alguna sobre un tema que ya prejuzgó sobre las rodillas, violando la garantía de audiencia.

Por Dios, ¡quítenles el teléfono!

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