La televisión restringida en México

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Santiago Bolaños

Como en todo el mundo, la TV de paga inició aquí para recibir las señales radiodifundidas con una antena comunitaria. De esa manera poblaciones lejanas pudieron, simplemente, ver la televisión. Al principio de los años setenta se comenzaron a “bajar” señales estadounidenses: NBC, CBS y ABC. Cablevisión inició sus operaciones en pocas colonias del D.F. mezclando canales abiertos y estas señales “importadas”. La penetración y el crecimiento fueron lentos e inconsistentes. Las autoridades tardaron en entender este servicio pues creían que era “para ricos”, no lo promovieron y difícilmente lo autorizaron. Poco a poco la gente descubrió las antenas parabólicas y con ellas la posibilidad de recibir señales extranjeras de cine, deportes, noticias y programación infantil (por no hablar de los canales para adultos). Llegaron a operar cerca de un millón de antenas piratas sin que la autoridad responsable pudiera impedirlo.

A finales de los ochenta se comenzaron a liberar concesiones de televisión por cable para las ciudades más importantes de la República, que programaban la misma televisión radiodifundida y canales estadounidenses, sin el consentimiento de sus productores. Más tarde surgieron los sistemas MMDS y DTH. El tema de la programación se fue regularizando poco a poco y las señales extranjeras comenzaron a producir versiones latinoamericanas de sus canales, como el Discovery o MTV.

Para 1997 la fiebre del cable llevó a que casi todas las poblaciones en el país con más de diez mil hogares tuvieran una o más concesiones para prestar el servicio. Actualmente las tecnologías permiten aumentar la oferta y los prestadores del servicio se han descubierto a sí mismos como titulares de redes públicas de telecomunicaciones, lo que ha implicado que pongan su atención en nuevos servicios, como el Internet y la telefonía, pero han dejado que la televisión funcione básicamente con la misma oferta. De este modo los concesionarios de TV restringida han sido revendedores de señales y sólo por excepción, productores o generadores de nuevos contenidos.

Es paradójico que haya canales radiodifundidos que prácticamente sólo se pueden ver por los sistemas de paga. Ejemplos: el 22, 40 o el 28 de UHF del D.F. y la apuesta es que en pocos años casi el 100%  de la televisión será por  medio de los sistemas de paga. Nadie en su sano juicio va a comprar un receptor de alta definición (HD) para recibir señales con una antena de conejo.

Sirva todo esto para hablar de los contenidos de la tv restringida. Da la impresión de que los concesionarios nunca han hecho conciencia sobre las posibilidades que su medio les ofrece. La empresa PCTV, estrechamente ligada a la CANITEC, (antes Cámara de la Industria de la Televisión por Cable, hoy Cámara de la Industria de las Telecomunicaciones por Cable) produce y distribuye algunos canales que son recibidos por todos los concesionarios miembros de su agrupación, los cuales tienen una masa crítica de audiencia superior a la de muchos canales radiodifundidos lo que les permitiría llevar mensajes, comercializar y hacer presencia de manera mucho más fuerte y decidida. Pero no. Su programación y su influencia es menor y parecería que los cableros y en general los responsables de las empresas de TV restringida no tienen claro los alcances de sus propios medios y se concretan a revender señales o en el mejor de los casos en comprar programas, pero de manera casi nula a producir contenidos propios. A pesar del ejemplo norteamericano, nadie ha querido apostar aquí por fórmulas como las que en su momento intentaron Turner, Disney, HBO, Fox, Nickelodeon, ESPN, MTV, Sony o A&E.  Hacer auténticos canales para el consumo local y la exportación; no refritos de la televisión abierta vueltos a empaquetar.

Parece mentira pero quienes han puesto el ejemplo en México, en materia de producción de contenidos para la tv restringida, son el Canal del Congreso y la Suprema Corte.

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