Volver al futuro pasado

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2017-11-22

En los últimos días se han publicado opiniones de diversas personas reconocidas en el ámbito de las telecomunicaciones por sus posturas siempre a favor de América Móvil, Telmex y Telcel (el agente económico preponderante en telecomunicaciones, AEPT), en el sentido de que se deberían imponer obligaciones de cobertura a todos los operadores del sector. Al leer sus argumentos sufrí un déjà vu; esa extraña sensación de haber ya vivido el momento presente, y se agolparon en mi memoria los dichos y declaraciones de Pedro Cerisola, ese inepto secretario de Comunicaciones y Transportes del aún más inepto expresidente Fox.

Durante los años en que la pareja presidencial habitaba sus niditos de amor en Los Pinos, el exempleado de Telmex que calentaba el sillón de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes cuando no estaba en el gimnasio o corriendo su Porsche cual mirrey tardío, el AEPT, hábil como siempre, deslizó la genial idea de que para conectar a los desconectados era indispensable imponer obligaciones de cobertura a todos los operadores.

Ni tardo ni perezoso, el señor secretario dio instrucciones para que no se otorgaran nuevos títulos de concesión a menos de que el interesado se comprometiera a cubrir las sierras y selvas del país con la infraestructura más moderna, sin importar consideración alguna de negocios o de retorno de la inversión. Por su parte, a aquellos operadores que habían ingresado al mercado con la apertura del expresidente Zedillo, se les condicionó la resolución de cualquier trámite, por pequeño o inocuo que fuera, a la aceptación de nuevas obligaciones de cobertura a capricho de la burocracia.

Qué bien se oía eso de obligar a las empresas a llevar servicios a zonas no rentables en beneficio de los millones de pobres desconectados del mundo moderno. ¿Quién podría criticar tan nobles y filantrópicos propósitos (con dinero ajeno, claro)? Hubo algunos que no nos tragamos el cuento y así lo expresamos en conferencias, entrevistas y artículos que hoy valdría la pena desempolvar.

El tiempo nos dio la razón y esos compromisos de cobertura se quedaron como promesas de papel a las que nadie dio seguimiento y que sólo sirvieron para imponer barreras y costos artificiales a los incipientes competidores del AEPT. Después vino nuestra ambiciosa reforma constitucional en telecomunicaciones, su ley secundaria y la creación del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y creímos que el pasado había quedado atrás. Fue una ingenuidad. Otra vez se buscan pretextos para imponer barreras artificiales a la competencia. Por ejemplo, la Amedi, una organización cooptada por el AEPT, propone que en la próxima licitación de frecuencias en la banda de 2.5 GHz se imponga a los ganadores obligaciones de cobertura, cuando hace tan sólo algunos meses Telcel compró de MVS 60 MHz en dicha banda, sin compromisos equivalentes. De lo que se trata es de encarecer la entrada de competidores y el avance tecnológico de los que ya existen, no de conectar a los desconectados.

Al AEPT siempre le ha parecido injusto que sólo Telmex tenga obligaciones de cobertura universal mientras sus competidores pueden enfocarse exclusivamente en las zonas donde el servicio sea económicamente viable; y, debo decirlo, tiene razón. El gobierno federal, desde la época del expresidente Salinas, ha sido omiso en la creación de un programa integral de cobertura universal, delegando esa responsabilidad en el actual AEPT. Estoy de acuerdo en que salvo por la regulación asimétrica derivada de su calidad de agente preponderante en el sector telecomunicaciones, el AEPT no debería tener obligaciones de cobertura que sus competidores no tienen, pero la solución no es imponer barreras artificiales a la entrada de nuevos competidores ni compromisos de cobertura que nadie va a supervisar.

Afortunadamente, con toda claridad, el presidente del IFT, Gabriel Contreras, ha expuesto que el camino de las barreras a la competencia no es el correcto, y siguiendo las mejores prácticas internacionales propone la creación de un fondo de cobertura universal que sea soportado por aportaciones de todos los usuarios conectados; algo así como el IEPS en telecomunicaciones, pero renovado, etiquetado y administrado de manera transparente a través de subastas descendentes en que participen todos los operadores. Mucho queda por hacer, menos volver al futuro pasado.

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