Trump y el TLCAN

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En medio de la grave situación que vive el estado de Texas por las inundaciones provocadas por el huracán Harvey, particularmente la ciudad de Houston, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, insistió sobre su idea, ilógica, de considerar la salida de ese país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). A simple vista, y la recurrencia de este tema en medio de la crisis que padece Houston, pareciera que se trata de un recurso retórico de Trump para distribuir las discusiones en la arena mediática a otros temas y que no haya un exceso de concentración en lo que padecen los texanos en estos días.

Sin embargo, resulta pertinente no descuidar estos desplantes y su aparente aumento en su recurrencia. Se trata de lances de un presidente que ignora o prefiere ignorar las consecuencias de una eventual salida del TLCAN. Por un lado, están los aspectos legales dentro del propio Estados Unidos, donde hay un debate sobre la capacidad legal del Presidente Trump para terminar unilateralmente su pertenencia al TLCAN, porque si bien él tiene autoridad para tomar la decisión, para que el acuerdo pudiera instrumentarse dentro de Estados Unidos, el Congreso norteamericano aprobó un paquete de leyes que incorporan los diversos compromisos que asumió ese país. Así que aún cuando Trump pudiera tomar la drástica decisión, para que sus efectos cesen, el Congreso debería derogar todo ese paquete legislativo. Al menos eso es lo que afirman diversos analistas especializados en aquél país.

Por otra parte, en caso de seguir adelante con su idea, hay que señalar que en estricto sentido, Estados Unidos perdería aún más con relación a las pérdidas que Donald Trump alega que ha provocado el TLCAN a la economía de ese país. En primer lugar, porque Estados Unidos tiene compromisos multilaterales en materia de aranceles, bajo el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Se trata de los niveles arancelarios que le aplicarían a las exportaciones de México al mercado de Estados Unidos, en caso de que dejaran de tener vigencia los términos del TLCAN. Lo mismo ocurriría para las exportaciones de Estados Unidos a México, quedarían sujetas al pago de los aranceles que México ha comprometido en el marco de la OMC. Es decir, ambos países obtendrían lo que se denomina trato de “Nación Más Favorecida” (NMF).

La sorpresa para Donald Trump es que los aranceles a los que estaría sujeto México no rebasan en promedio el 4 por ciento. Es decir, en el peor de los casos, nuestras exportaciones no se verían encarecidas en forma importante para llegar al mercado de Estados Unidos. Sin embargo, en promedio, los aranceles que las exportaciones de Estados Unidos a México tendrían que pagar se ubican alrededor del 7-8 por ciento. Es decir, sus exportaciones estarían sujetas a un factor de encarecimiento más alto que las de México a su mercado.

A reserva de aportar información más precisa sobre los aranceles que enfrentaría cada país en caso de que Trump insista con su retórica necedad, resulta evidente que Estados Unidos saldría más perjudicado que México de una decisión tan aventurada, basada en la ignorancia y en la creencia de que se domina el arte de negociar.

A todo esto hay que agregar la resistencia de la mayor parte de la industria de los Estados Unidos a que el Presidente Trump adopte una decisión tan descabellada y tan antieconómica.

Por mi parte, estoy convencido que se trata simplemente de desplantes con los que Trump busca comprar tiempo o distraer la discusión de otros temas que quizá le son más complicados para procesar con la clientela que lo llevó a la presidencia.

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