Solow y la paradoja de la conectividad

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En esta fase de creciente acceso a las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) se identifica una marcada diferencia no sólo entre aquellos que cuentan o no con conectividad, sino también entre los que tienen acceso a una conexión a internet permanente y ubicua y gozan de las mejores condiciones de oferta y de las nuevas tendencias tecnológicas y el segmento en el que esto no es una realidad del día a día.

Esta circunstancia resulta paradójica puesto que por un lado se han orientado esfuerzos de política pública y regulatoria, así como desde la esfera propia del mercado, para hacer accesibles (cobertura y calidad) y asequibles (precio) los dispositivos y servicios de conectividad para toda la población y así reducir la llamada “brecha digital”.

Sin embargo, se está comenzando a gestar una nueva brecha de mexicanos hiperconectados que cuentan con el poder adquisitivo y las habilidades digitales para allegarse los beneficios de TIC, y otros que escasamente cuentan con algún acceso a internet y dispositivos con conectividad. Serán los primeros los que se beneficiarán del internet de las cosas, las ciudades inteligentes, el almacenamiento en la nube, la conectividad móvil avanzada y en general, de las últimas tendencias tecnológicas.

Con esto, entre economistas es fácil evocar la paradoja de la productividad de Solow. Al respecto, se identificó que a pesar de la creciente incorporación e inversión en TIC en los procesos productivos en las décadas de 1970 y 1980 en EU, no se registró un cambio positivo importante y generalizado en la productividad de las empresas. Incluso, se observó una desaceleración, atribuible a la creencia irreflexiva de que con tan sólo contar con esta tecnología mejoraría la productividad. Ahí no se consideraban otras condiciones óptimas para su aprovechamiento, ni verificado eficiencias directas en la cadena productiva.

Es precisamente una situación análoga la que se observará en términos de acceso a dispositivos y servicios de conectividad de última generación que generarán diferencias marcadas en el aprovechamiento e incorporación de las TIC en las esferas sociales, entretenimiento, productividad, entre otras. Ello es manifiesto, por ejemplo, en la tenencia de teléfonos inteligentes (smartphones) de gama alta.

La penetración de smartphones como proporción de las líneas móviles alcanzó 85% en la primera mitad del 2017. Sin embargo, aún se registra un elevado diferencial en el acceso a equipos de gama alta que cuentan con los elementos tecnológicos más avanzados y de utilización óptima de los recursos de conectividad disponibles.

Esto contrasta con algunos tenedores de equipos de gamas media y baja, con limitada conectividad que están en esa condición por limitaciones de poder adquisitivo y de habilidades digitales. Por lo general, se trata de niveles socioeconómicos bajos pertenecientes a la base de la pirámide social que, no obstante, al integrarse cada vez más a una sociedad digital, no cuentan con los recursos, hábitos, habilidades y/o la formación adecuada para beneficiarse efectivamente de la derrama de bienestar generada por las TIC.

Aquí, la referida Paradoja de Solow en el mundo digital delinea una nueva brecha de aprovechamiento entre un segmento de la sociedad hiperconectado y otro de conectividad media o marginal.

Lo realmente importante es no solamente reportar que existe una conectividad universal, sino que cada uno de estos accesos sea aprovechado a plenitud, tal que se materialicen condiciones equitativas en el acceso, aprovechamiento y generación de oportunidades desde las TIC para todos los mexicanos. No hacerlo así puede representar un efecto de que la conectividad incube nuevas brechas sociales y económicas en México.

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