Populismo, voltear a ver también a Argentina

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2018-05-08

Aunque a lo largo del actual proceso electoral se ha insistido mucho en advertir que un posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador podría llevar a México por la misma ruta de descalabro que ha sufrido Venezuela desde que el clan Chávez-Maduro asumió el control de ese país, que lejos de haber resuelto los problemas de pobreza que aquejaban a esa nación, los exacerbó, que ha desintegrado buena parte de la riqueza nacional de los venezolanos simplemente por una serie de políticas económicas caprichosas que han resultado en que hoy Venezuela sufra una tasa de inflación anual de 13,779%, medida entre abril 2017 y abril 2018.

Además de la hiperinflación, el Producto Interno Bruto de Venezuela se estima caiga en el 2018 en 15%; el tercer año consecutivo cayendo a una tasa de dos dígitos, pues en el 2016 se redujo en 16%, en el 2017 en 14 por ciento. La situación en Venezuela es de emergencia, sin duda alguna. Es tan grave que millones de mexicanos fanáticos de López Obrador se niegan a considerarla como una posibilidad real para México.

A esos incrédulos quizá habría que mostrarles también el complicado entorno que hoy viven los argentinos, después de 12 años de gobierno del matrimonio Kirchner, que basaron su política económica también en el populismo, reflejado en el congelamiento del precio de la electricidad y los transportes, en la ampliación de beneficios de seguridad social a millones de argentinos que no eran elegibles para ello; que además impuso restricciones a las importaciones y a las exportaciones, restricciones que poco a poco fueron aislando a Argentina del comercio mundial. Obviamente, el conjunto de esas medidas populistas se tradujo en un creciente déficit fiscal, en un tipo de cambio controlado, con un precio muy por debajo del que debería prevalecer, lo que le restó competitividad a la economía argentina. En el último año de gobierno de Cristina Kirchner, tan sólo los subsidios a la electricidad se estima que rondaban los 8,500 millones de dólares por año. La inflación anual en ese último año de gobierno rondaba 40 por ciento.

El fin de la era Kirchner dejó tras de sí una enorme distorsión en las variables económicas, de tal magnitud que al gobierno entrante de Macri no le quedó otra ruta más que introducir un programa de ajuste gradual, dado que no contaba con la mayoría en ninguna de las dos cámaras del congreso de ese país. El proceso de ajuste iba relativamente bien —aunque los subsidios a la electricidad no han podido ser eliminados totalmente—; sin embargo, debido a la dificultad de cumplir al pie de la letra los planes originalmente anunciados y al choque externo que producen decisiones adoptadas en otros países, como el reciente incremento en las tasas de interés en Estados Unidos, el tipo de cambio del peso argentino frente al dólar se ha visto presionado desde el inicio de este año, sufriendo una devaluación de al menos 20%, panorama ante el cual el banco central argentino se ha visto obligado a incrementar las tasas de interés a niveles de 40%, lo que retrasará la trayectoria de menor inflación y mayor crecimiento que preveía el actual gobierno.

Es decir, 12 años de un gobierno populista, con ideas muy similares a las que promueve López Obrador para México se han traducido en un horizonte muy complicado para Argentina, que está lejos del nivel de bienestar que los Kirchner le prometieron a su pueblo. Lo único que viene después de años de gobiernos populistas son medidas dolorosas y menor bienestar.

Ojalá que los mexicanos nos demos la oportunidad de voltear a ver no sólo lo que vive hoy Venezuela, sino lo que han estado padeciendo Argentina y Brasil después de años de gobiernos populistas, de gobiernos que engañaron a su pueblo.

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