México y Estados Unidos, una compleja relación

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La semana pasada escribí en este espacio sobre algunos aspectos que ponen en contexto la complejidad de la relación comercial entre México y Estados Unidos, aspectos que deberían ayudar a entender que buena parte de los desplantes de la Administración Trump en materia comercial son lances que no están relacionados con un conjunto de políticas públicas bien estructuradas con una lógica económica y comercial; es decir, que se trata fundamentalmente de ocurrencias, como ha quedado acreditado en otras decisiones instrumentadas por la nueva administración de nuestro vecino del Norte, como fue la decisión ejecutiva en materia de refugiados, la fallida idea de imponer un arancel de 20% a las importaciones provenientes de México para financiar el nefasto muro o incluso el manejo de la agenda de comunicación social.

Conforme transcurre el tiempo, gobernadores, legisladores, alcaldes, académicos, líderes de opinión y líderes de la sociedad civil tienen acceso a mejor información sobre lo que verdaderamente representa México para sus respectivos estados o comunidades, sectores de le economía o el país en general, o bien, lo que representa Estados Unidos y sus diferentes regiones o sectores de su economía, para México.

Así, mientras que el presidente Trump y Wilbur Ross, propuesto para ocupar el cargo de secretario de Comercio, insisten en su idea de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con un énfasis en imponer nuevas condiciones para que según ellos se eliminen los espacios de oportunidad que en su opinión México ha utilizado en su beneficio, en perjuicio de la producción manufacturera en ese país y las fuentes de empleo, cada vez son más las voces que habiendo hecho una revisión de esas posturas se dan cuenta de la falta de rigor en el análisis que está detrás de ellas y de los efectos reales que puede resentir la economía de EU si la renegociación se diera exclusivamente en los términos que ellos advierten.

Por ejemplo, por lo que hace al tan señalado sector automotriz, mientras Trump y Ross pretenden insistir con la idea de modificar las reglas de origen para que el contenido regional de los automóviles se incremente, y así poder disfrutar del trato preferencial en la zona TLCAN, lo que obligaría a las armadoras instaladas en la región a comprar más insumos (no tan baratos) dentro de la región, hay quienes ya advierten los riesgos para la competitividad de las armadoras localizadas no sólo en México, sino también en EU o Canadá, frente a las armadoras en países asiáticos.

La postura de Trump, crítica del TLCAN, pasa por alto que si bien es cierto que México le vende más a EU de lo que ese país vende a México, la realidad es que esas exportaciones de México llevan incorporadas 40% de producción de EU, es decir, producción que se utilizó en las etapas intermedias;de producción para obtener lo que finalmente se está exportando a EU. Factor que está muy por encima de 25% de producción de EU en lo que Canadá les vende o el raquítico 4% que los chinos venden a EU.

Por otra parte, los estados de la unión americana están empezando a estimar el impacto sobre sus economías de alterar significativamente los términos del intercambio con México. De acuerdo con un artículo de The Economist, el estado de Texas sería un gran perdedor, tanto por el volumen de comercio como por la intensidad de la relación comercial con México. Otro estado que podría resentir efectos es Iowa. En fin, se trata de una matriz muy compleja que no permite el discurso fácil.

*El autor es Senador de la República.

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