Métricas de Cobertura de Telecomunicaciones

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2018-11-06

La generación de información cuantitativa primaria o estadísticas busca en todo campo, capturar los hechos estilizados de fenómenos económicos o sociales para la toma de decisiones.

Para ello, es necesario que las estadísticas cumplan principalmente tres atributos: ser metodológicamente robustas, replicables en el tiempo y comparables con indicadores semejantes.

Para dimensionar el acceso a servicios de telecomunicaciones, la métrica empleada por convención internacional es la penetración o teledensidad poblacional. Este coeficiente resulta, de acuerdo con la OCDE, de dividir el número total de accesos o suscripciones a un servicio en específico (e.g. internet de banda ancha) entre la población de una región o país, multiplicado por 100, para expresar la proporción por cada 100 habitantes.

Pocos sectores como el de las telecomunicaciones dependen tanto de la alineación de estándares internacionales, tecnológicos, de homologación de equipos, de administración de espectro, así como del diagnóstico y dimensionamiento del acceso a servicios.

Las métricas estándar para representar la cobertura y disponibilidad de estos servicios suelen incluir suscripciones o usuarios, tenencia de dispositivos de acceso, ancho de banda internacional disponible, velocidades de carga y descarga o densidad de redes, entre otras. Todas estas variables expresadas como proporción de la población, o bien de los hogares o de unidades económicas.

Como es identificable, las métricas del capital de infraestructura no son referenciadas a la proporción de la geografía, nacional o estatal, sino a la cobertura de sus servicios o a la extensión lineal de su despliegue.

El Índice de Desarrollo TIC (IDT) de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) incluye un subíndice de acceso que está compuesto exclusivamente por variables expresadas en términos poblacionales o de hogares. De manera similar lo hacen el informe “Perspectivas de la Economía Digital” (OCDE), “El Estado de la Banda Ancha” de la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible (UIT/UNESCO), así como reportes privados como el Índice de Conectividad Global (GCI por sus siglas en inglés) de Huawei.

En el primero de ellos, el IDT, México registró, en 2017, una teledensidad móvil de 88.2 líneas por cada 100 habitantes, 45.6% de hogares con computadoras y 47.0% de hogares con Internet. Por su parte, el reporte de la Comisión registra 13.3 suscripciones de banda ancha fija por 100 habitantes (en comparación Brasil registra 13.7 y Colombia 12.9) y el GCI, ubica a México en la categoría de adopción intermedia (‘adopters’) de conectividad, con métricas semejantes a las de países como Argentina, Brasil, China, Colombia y España.

Estas métricas son una aproximación fiel de los hechos estilizados que se buscan medir para incidir en ellos. Cabe insistir, ninguno medido en términos del territorio o extensión geográfica.

¿De qué serviría iluminar una red de telecomunicaciones en territorio inhabitado o inhabitable, si 70% de nuestra extensión territorial se encuentras conformado por zonas forestales (bosques, selvas, manglares, desiertos) o acuíferas, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal? ¿Y más aún cuando hay entidades federativas que registran muy limitada población y una amplia dispersión poblacional, como en el caso de Chihuahua?

Sin duda resultaría en un desperdicio de recursos para las empresas invertir en lugares en los que no sea rentable operar. Similarmente, representaría un dispendio, desde la inversión pública, ejercer recursos para el despliegue de infraestructura en zonas en las que no se genere tráfico por el uso de servicios, ni abone a la conectividad poblacional.

Es así como tanto el gobierno como los agentes privados deben sumar acciones y esfuerzos para materializar el objetivo de conectividad universal, sobre la base de información eficiente y fidedigna.

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