La encrucijada del TLCAN

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Como ampliamente se reportó en diversos medios nacionales e internacionales, la tercer ronda de las negociaciones para la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) arrojó avances razonables en diversas mesas o capítulos. Ahí está el caso del capítulo de pymes, que ya se cerró, o los relativos a competencia económica o telecomunicaciones, que están muy cerca de colocarse en la misma situación.

Al mismo tiempo, de esta tercera ronda también surgieron temas que no habían estado en el tintero de las negociaciones. Me refiero a esos temas que trae el equipo negociador de los EUA bajo la manga para mandar señales de dureza, que más que una lógica consistente con los principios bajo los cuales se estructura un acuerdo de libre comercio, pareciera que tienen por objeto mostrar a una base electoral engañada, que el presidente Trump está enfocado en eliminar del TLCAN todos aquellos beneficios otorgados a México o Canadá que —según él— les han provocado desempleo o bajos salarios en algunos segmentos de la economía de ese país.

Ahora bien, más que decir que la postura del equipo negociador de EUA se está endureciendo, lo que cabe decir es que en realidad en esta tercera ronda ya empezaron a poner sobre la mesa propuestas o ideas que dan forma a esa lógica proteccionista que hoy campea en los círculos más cercanos a Trump.

Así, durante la tercera ronda, el equipo negociador de EUA puso sobre la mesa ideas que significan la posibilidad de que se reduzcan los beneficios obtenidos por México desde 1994, concretamente, quitarnos flexibilidad para que podamos importar insumos y podamos exportar ropa. En materia agropecuaria, pretenden que exista una metodología diferente a la que se utilice para el resto del comercio, para analizar si las exportaciones de México de determinados cultivos se realiza con dumping, o a precios por debajo de los precios a los que se vende en México, se trata desde luego de una metodología que anticipa un uso proteccionista por parte de EUA.

Estas propuestas se suman a las que ya conocíamos sobre la intención de EUA de que se elimine el Capítulo XIX del TLCAN y sobre el tema de reglas de origen para el sector automotriz y la descabellada idea del contenido nacional, estos últimos dos temas respecto de los que aún no han puesto sobre la mesa su propuesta específica.

Ahora bien, de persistir en estas propuestas contrarias al espíritu de un tratado de libre comercio, el equipo negociador de México debe mantenerse firme en rechazarlas, una y otra vez. Si derivado de ello, el equipo negociador de EUA decide levantarse de la mesa de negociación, será decisión de ellos, pero México no debe ser quien de el primer paso, que no se señale a México como culpable del fracaso de la negociación.

De un análisis del comercio de México para el 2016, de los valores en pesos y de los casi 12,600 niveles arancelarios o fracciones arancelarias, se desprende que el impacto para México de una decisión irracional por parte de EUA para levantarse de la mesa de negociación, tendría un impacto realmente bajo sobre las exportaciones de México a ese país, pues de los 6.1 billones de pesos que se exportaron en el 2016, 1.7 billones estarían sujetos a un arancel promedio de apenas 3% y solamente 346,000 millones de pesos (5.6% de lo exportado a EUA y Canadá) quedarían expuestos al pago de un arancel nación más favorecida de 24.9 por ciento. El costo para México sería realmente acotado. Por su parte, las exportaciones de EUA que dejarían de recibir el beneficio del TLCAN, 15% del total de lo que exportan a México, quedarían sujetas al pago de un arancel promedio de 16.7 por ciento. Así que para EUA no puede ser una decisión simplista.

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