Efectos regresivos de la falta de competencia

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Ernesto Piedras/ El Economista

Mucho hemos insistido en que la competencia, más que un dogma o mito, es un elemento necesario para la eficiente operación de los mercados. En su ausencia, se perpetúan importantes efectos negativos, elevando los precios y limitando tanto la cobertura como la calidad de los servicios. Adicionalmente, la falta de competencia efectiva abona a la ya de por sí grave condición de pobreza de una importante proporción de nuestra sociedad.

Si bien los usuarios de clase media y alta pueden pagar los servicios a los niveles de precio y calidad que se ofrecen en el mercado, la falta de competencia revela efectos regresivos que se muestran nocivos para la adopción de estos servicios en los segmentos más desfavorecidos, limitando así el acceso a las personas de ingresos más bajos.

Mexicanos pobres, ¿mexicanos sin celular?

Con un total de 102.2 millones de líneas, al segundo trimestre del año y en aumento, las líneas móviles representan una penetración de 86.3 por ciento. Al considerar el efecto de aquellos usuarios que contamos con más de una línea móvil, es decir, el beltshare, que es de 11%, el número de personas que contamos con accesos móviles se acota a 91 millones, que se traduce en una penetración de apenas 76.8 por ciento. Además, al revisar la situación de pobreza en el país, no hace falta mucha ciencia económica para saber que dicha pobreza afecta directamente la adopción y posterior consumo de servicios de telecomunicaciones entre los mexicanos. Con todo, es claro que el más afectado por la falta de competencia resulta ser el ciudadano en condición de pobreza, que representan 53.3 millones de mexicanos (45 % de la población).

El subsegmento de mexicanos en pobreza moderada alcanza a 41.8 millones, que si bien cuentan en su mayoría con servicios de telecomunicaciones móviles, son usuarios de conectividad limitada que, con un ARPU menor a 100 pesos al mes, no alcanzan a recibir los beneficios de la conectividad plena, limitando su consumo a servicios de voz y SMS.

En segundo lugar, tenemos a los 11.5 millones de mexicanos en pobreza extrema, que corresponden a un segmento poblacional que queda fuera del mercado asequible, es decir, quedan sin posibilidad de acceder a los servicios de telecomunicaciones sin el apoyo de una política pública directa. Al tener ingresos menores al costo de la canasta básica y las tres carencias sociales fundamentales, a estos mexicanos se les imposibilita absolutamente acceder al mercado. La aritmética previa del beltshare, que resulta en 91 millones de usuarios efectivos, se traduce en que aún faltan 27 millones de mexicanos por acceder a la movilidad. De ellos, 11.5 millones con imposibilidad absoluta al estar en condiciones de pobreza extrema y 15.5 millones en pobreza moderada, que si bien pudieran acceder al mercado, dados los elevados precios y la limitada cobertura les resulta inasequible.

Todo lo anterior refleja un panorama poco alentador en el combate a la brecha digital, en la que únicamente los NSE más altos de la población podrán seguir costeando los servicios.

Entonces, el tema de la competencia no es un tema retórico ni de discurso político u obstinación regulatoria, sino condición sine qua non para promover la reducción de precios y aumentar la calidad de los servicios, para que todos los mexicanos puedan acceder a los beneficios que las telecomunicaciones brindan en términos de competitividad, productividad y bienestar.

Twitter: @ernestopiedras

 Foto: http://www.freedigitalphotos.net

 

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