Incentivar a los competidores en telecom

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Hace unos días, la Federación Mexicana de Fútbol Asociación (FMF) decidió otorgar a Televisa y Televisión Azteca los derechos de transmisión de los partidos de las selecciones nacionales de fútbol por ocho años. Lo interesante del caso es que América Móvil y Telemundo realizaron también una oferta conjunta por tales derechos, cuya ambigüedad hace suponer que la empresa del ingeniero Slim ve como una posibilidad cercana el que se elimine la prohibición que tiene Telmex para prestar directa o indirectamente servicios de televisión al público.

Aunque la oferta de América Móvil y Telemundo no fue satisfactoria para la FMF por las restricciones de audiencia de los servicios por Internet y televisión restringida, es una muestra del riesgo real de que América Móvil transfiera su dominancia en telecomunicaciones al mercado de la televisión restringida en México, en el supuesto de que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) llegue a autorizarle la prestación de este servicio sin antes corregir las deficiencias estructurales del mercado mexicano.

Para entender el problema debemos distinguir entre la infraestructura de distribución de señales y la programación o contenido distribuido. Las redes de América Móvil en México tienen aproximadamente 65% de los usuarios totales de telecomunicaciones en el país y, al haber heredado toda la infraestructura del antiguo monopolio estatal, cubren prácticamente la totalidad del país. Por su parte, la industria de la televisión por cable en nuestro país creció a través de concesiones independientes por localidad y para el 2004 llegó a tener más de 1,000 concesionarios, la gran mayoría en pequeñas ciudades. Es cierto que a finales del sexenio de Fox se autorizó a muchos de estos concesionarios a prestar servicios de telefonía e Internet, con lo cual se produjo una consolidación en la industria que a la fecha tiene aproximadamente cinco grandes jugadores y decenas de concesionarios independientes que no han sido capaces de modernizar sus redes con la tecnología digital que se requiere para prestar servicios de telefonía e Internet.

Cinco grupos sobresalen en el mercado de televisión restringida: Televisa (Izzi y Sky), Megacable, Dish, Total Play y Axtel; sin embargo, ninguno de ellos tiene cobertura nacional en sus redes terrestres. Para ponerlo en perspectiva, tradicionalmente se ha valorado a las empresas de televisión por cable por el número de casas frente a las cuales pasa su cable, ya que es éste el número máximo de sus clientes potenciales. Sobra mencionar que ninguno de ellos en lo individual ni todos en su conjunto se acercan ni remotamente al número de casas pasadas que tiene la infraestructura de Telmex.

Son estas empresas las que pueden competirle a Telmex para balancear el mercado y reducir la altísima concentración que aún mantiene América Móvil en el sector telecomunicaciones de nuestro país, pero para ello requieren la desagregación eficiente de la red local de Telmex a través de la separación funcional ordenada por el IFT. Sólo así podrán acceder a zonas en donde no tienen infraestructura propia. Evidentemente, Telmex se está oponiendo con todos los medios a su alcance a la desagregación de su red y la separación de sus servicios al mayoreo de los servicios al usuario final.

La nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión establece que el IFT sólo podrá autorizar a Telmex a prestar el servicio de televisión cuando éste haya cumplido todas sus obligaciones en materia de preponderancia y únicamente si el efecto de dicha autorización no se traduce en otorgarle a ésta poder sustancial sobre el mercado.

Como hemos visto, al día de hoy la industria de la televisión por cable no puede replicar la infraestructura de distribución de señales que tiene América Móvil. Por otro lado, no puede pasarse por alto el hecho de que esta empresa es el mayor comprador de contenidos audiovisuales en América Latina, por lo que inmediatamente trasladaría este poder al mercado mexicano, desplazando a las únicas empresas que están en posibilidad de competirle de manera eficiente mientras su preponderancia se mantenga.

Hago votos por que el IFT cumpla cabalmente con la ley y se dé cuenta de que no por mucho madrugar amanece más temprano. Para incentivar la competencia hay que incentivar a los competidores.

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