Un ejemplo de rezago regulatorio

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Gerardo Flores Ramírez

El Economista

Previo a la pausa de la Semana Santa, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) adoptó una decisión que, no obstante su trascendencia, fue absorbida por la vorágine de notas que se referían exclusivamente al tema de la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones. Me refiero a la resolución de la Cofetel por la que se consolidan 397 áreas de servicio local (ASL) en sólo 173.

Para quienes no están familiarizados con los temas de telecomunicaciones, las ASL se establecieron para ordenar territorialmente la numeración telefónica en nuestro país y darle orden al nuevo entorno de competencia. Una llamada dentro de una misma ASL es considerada una llamada local. Una llamada de un número correspondiente a una ASL, que va dirigido a un número que corresponde a otra ASL, se considera y se cobra como llamada de larga distancia, aunque tales ASL sean vecinas.

Cuando se privatizó Telmex, en 1990, existían en nuestro país más de 1,600 grupos de centrales de larga distancia, el concepto precursor de las ASL. Con la llegada de la competencia, dicho número se redujo a cerca de 400, ya bajo el concepto de ASL. Asociada a esta forma de organizar la numeración telefónica se encuentra una cuestión de enorme trascendencia para la competencia entre operadores en nuestro país: la interconexión.

De las 397 ASL que existen hasta el día de hoy, sólo en 197 existe un punto de interconexión. Esto significa que sólo en esas 197 ASL pueden existir operadores que le compitan a Telmex. En las otras 200, Telmex ha mantenido hasta el día de hoy un monopolio de facto, aunque esa palabra no le guste al ingeniero Slim.

En noviembre del 2008, este esquema estuvo a punto de entrar en una transformación de fondo que hubiera permitido la reducción gradual de ASL para reducir su número hasta 198. Pero, más importante aún, representaba una reducción en el monto erogado por los usuarios en llamadas de larga distancia en el orden de los 40 millones de dólares mensuales. Un impacto negativo de la misma magnitud en las finanzas de Telmex, obviamente.

Sin embargo, la entonces Subsecretaria de Comunicaciones, la hoy diputada Carpinteyro, que hoy se precia de luchar desde la trinchera de San Lázaro en forma denodada por los usuarios de los servicios de telecomunicaciones, en aquel momento simplemente no lo quiso hacer. Todavía hoy se recuerda la injustificada afirmativa ficta que otorgó a Telmex a escasos dos días de que aquella consolidación de ASL entrara en vigor, y que significó que la resolución de la Cofetel se suspendiera indefinidamente. Ello supuso una enorme pérdida para los usuarios, pues la valiente decisión de la Subsecretaria Carpinteyro simplemente les negó ahorros mensuales en el orden de los 40 millones de dólares. Esa decisión quedó como un ejemplo clásico de cómo una autoridad puede violentar la autonomía del órgano regulador al modificar o anular las decisiones de éste.

La consolidación de las ASL es una excelente noticia para los usuarios de servicios de telecomunicaciones, pues no sólo disminuirá su gasto en llamadas de larga distancia, sino que se abre la posibilidad de, ahora sí, todos los mexicanos tengan la posibilidad de que en su territorio, más de un operador les pueda ofrecer servicios. Lamentablemente, llega con retraso.

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