Reforma energética: mayor bienestar

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Gerardo Flores Ramírez/ El Economista

El domingo pasado, con la aprobación de la minuta de la reforma energética en el Congreso de Puebla, se alcanzó la cifra de 16 legislaturas locales que se requerían para poder declarar aprobada la reforma constitucional en la materia, conforme lo establece el Artículo 135 de nuestra Constitución. Seguramente, el día de mañana se hará en el seno de la Comisión Permanente el cómputo de los votos de las legislaturas y se hará la declaratoria de aprobación de la reforma.

Durante la discusión en el Senado de la República de esta reforma, la izquierda se ancló en ese dogma del siglo pasado que fijó en la cabeza de millones de mexicanos que el petróleo sólo puede explotarlo Pemex, ese ente monopólico que se creó el 7 de junio de 1938 como consecuencia del decreto de expropiación de la industria petrolera en aquel año por el Presidente Lázaro Cárdenas. El mundo era otro, de hecho, se encontraba en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. La economía mexicana era muy distinta a la de hoy en día, el hecho de que México sea parte de múltiples acuerdos de libre comercio, tanto bilaterales como multilaterales, nos coloca en una situación mucho más sólida para hacer frente a eventuales disputas con inversionistas, por ejemplo.

Retomo algunas de las palabras que pronuncié con motivo del aniversario de la Expropiación Petrolera, en la tribuna de la Cámara de Diputados, cuando fui parte de esa Cámara en la Legislatura anterior. En aquella ocasión hice referencia a las dificultades que Pemex venía enfrentando al comparar los volúmenes de producción y montos de inversión de la década de los 90 frente a la primera década de este nuevo siglo.

Indiqué que mientras en los 90 Pemex había podido destinar en total 33,000 millones de dólares en inversión, en la primera década de siglo XXI, Pemex pudo invertir 156,000 millones de dólares, es decir, de una década a la inmediata siguiente, Pemex multiplicó por 4.7 veces el monto de sus inversiones, lo que no fue suficiente para evitar la caída en los volúmenes de producción a partir de la segunda mitad de la década pasada.

Este desempeño preocupante es muy similar a lo observado a nivel internacional. Apenas el pasado 25 de noviembre, el periódico Financial Times daba cuenta en un interesante artículo que mientras la inversión total a nivel mundial en actividades del sector de hidrocarburos se había multiplicado por un factor de 2.8 veces entre el 2000 y el 2013, a pasar de 250,000 millones de dólares a 700,000 millones de dólares para el cierre de este año, el volumen de producción de petróleo apenas se había podido incrementar en 11% en el mismo lapso de tiempo.

Lo anterior significa que el costo de un barril de petróleo se ha incrementado de manera importante, justamente en razón de la necesidad de desarrollar campos de mayor dificultad. En este contexto, de mayores costos y de incrementos marginales en el nivel de producción, los mexicanos no pueden ni deben seguir asumiendo en forma absoluta el riesgo inherente a las actividades de exploración y explotación de crudo. Con la reforma, el riesgo se distribuirá entre distintos agentes, es lógico que también obtengan ganancias.

Es imperativo que algunos actores políticos se quiten la camisa de fuerza ideológica que les impide apreciar el efecto positivo sobre la riqueza y el bienestar de las futuras generaciones de mexicanos.

*El autor es Senador de la República.

 * Twitter: @GerardoFloresR

 

Foto: http://www.freedigitalphotos.net

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