¿A qué aspiramos en banda ancha?

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Gerardo Flores Ramírez

El Economista

A propósito de la reforma constitucional en  % materia de telecomunicaciones que aprobó  -L Vla semana pasada la Cámara de Diputados en su calidad de Cámara de origen, resulta conveniente dar un poco de contexto al tema del acceso a la banda ancha del que tanto se habla últimamente en nuestro país, afortunadamente. México se ubica en el penúltimo lugar de los 34 países que integran la OCDE en cuanto al número de accesos de banda ancha por cada 100 habitantes, superando solamente a Turquía en este indicador. Aprovechando el ímpetu en el que muchos actores políticos se han subido, bien valdría la pena que empecemos por revisar primero la parte conceptual. Me refiero al simple hecho de que la autoridad resuelva a qué se le deíine banda ancha. El tema no es menor. Hasta hoy, en México no existe una definición oficial por parte de la autoridad; sin embargo, puede decirse que vivimos con una definición que corresponde al momento en el que se dio el paso de los accesos de banda ancha por marcación (dial-up) a los primeros de banda ancha, a principios de la década pasada, en la que se consideraba como acceso de banda ancha a los que permitían una conexión a 256 kilobits por segundo (kbps). Al llegar a este momento de la historia de las telecomunicaciones, algunos han llegado a considerarlo como el de la banda ancha de primera generación. Con el paso de los años y la instrumentación de estrategias de impulso a la banda ancha, diversos países iniciaron un proceso para revisar el concepto de banda ancha. Así, en el 2010, la Federal Communications Commission de Estados Unidos decidió actualizar la definición establecida en 1999 que consistía en cualquier acceso que permitiera velocidades de acceso en ambos sentidos (bajada y subida) de 200 kbps, a un nuevo umbral consistente en 4 megabits por segundo (Mbps), de bajada, y de 1 Mbps de subida. Muchos países no han revisado aún la definición de banda; no obstante, un gran número de ellos han establecido -en sus planes de impulso a la banda ancha o de agenda digital- metas claras sobre la velocidad de acceso objetivo mínima para determinado año, en la mayoría de los casos, el 2015 y el 2020 son los años seleccionados como referencia para evaluar dichas metas. De hecho, varios ya están reportando estadísticas, no sólo sobre accesos de banda ancha, sino sobre accesos de banda ancha super veloz y ultra veloz. Los primeros son accesos con velocidades mínimas de 30 Mbps, mientras que los segundos son accesos con velocidades mínimas de 100 Mbps. Justamente, hace unos días, el regulador de Reino Unido, Ofcom, emitió un reporte sobre los accesos de banda ancha en ese país, en el que muestra que la veiociáad real promedio en los hogares británicos se ha incrementado de 3.6 Mbps en noviembre del 2008 a 12 Mbps en noviembre del 2012, y que 13% de los hogares ya cuenta con acceso de super banda ancha. El regulador francés, ARCEP, reporta que al cierre del 2012 había en Francia 24 millones de accesos de ban-  da ancha, de los cuales, 1.6 millones son de superbanda ancha. Así, cuando hablemos de banda ancha, no perdamos de vista a qué se refieren con esto en otros países y qué metas se han impuesto.

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