Ímpetu Económico / El espectro vale, no se regala

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Gerardo Flores

El Economista

El título de esta colaboración viene a propósito de dos noticias que leí sobre eventos que involucran transacciones en otros países y permiten darnos una idea de lo valioso que es el espectro radioeléctrico, tanto por los ingresos que genera a los gobiernos que lo concesionan para ser explotado, como para promover mejores condiciones de competencia.

Por un lado, está la subasta que apenas el viernes pasado concluyó en Holanda con resultados por demás sorpresivos para algunos analistas. Se trata de un proceso que duró siete semanas en el que participaron 5 postores, de los cuales, 3 ya contaban con derechos de explotación de frecuencias, es decir, se trata de operadores ya establecidos. Al término de esta subasta, el gobierno holandés obtuvo 5,007 millones de dólares americanos por las 41 licencias que fueron objeto de subasta, distribuidas en las bandas de 800, 900, 1800, 1900, 2100 y 2600 MHz (esta última también conocida como banda de 2.5 GHz). Los tres operadores establecidos, Vodafone, KPN (controlada por América Móvil) y T-Mobile obtuvieron porciones importantes del espectro en disputa, mientras que Tele2, un nuevo participante, logró hacerse de frecuencias.

Vodafone pagó 1,817 millones de dólares estadounidenses por 60 MHz de ancho de banda en licencias, con vigencia de 17 años y por 10 MHz en una licencia, con cuatro años de vigencia. Por su parte, KPN (América Móvil) pagó 1,780 millones de dólares por 90 MHz de ancho de banda en licencias, con una vigencia de 17 años y por 10 MHz en una licencia, con cuatro años de vigencia. A su vez, T-Mobile pagó 1,199 millones de dólares por 115 MHz de ancho de banda distribuidos en tres licencias con vigencia de 17 años y 14.6 MHz en una licencia, con vigencia de cuatro años. Finalmente, Tele2 pagó 211.6 millones de dólares por 20 MHz en la banda de 800 MHz, con una vigencia de 17 años.

Lo recaudado por Holanda representa prácticamente 2.6 veces el monto originalmente previsto y, seguramente, será el preámbulo de lo que podría ocurrir con la subasta de espectro que Inglaterra iniciará en enero del 2013, proceso del que ese país estima obtendrá al menos 5,600 millones de dólares estadounidenses.

En todos estos casos, hablamos de frecuencias del espectro radioeléctrico identificadas para el despliegue de redes LTE, como son las bandas de 2.5 GHz y la conocida como el dividendo digital, que es la de 700 MHz.

Ya lo he dicho antes en este espacio: las autoridades de nuestro país deben tener presente que las bandas tienen un valor intrínseco que se deriva de la expectativa del flujo de ganancias que reportarán durante el período de vigencia de la concesión. Creer que asignarlas a cambio de una contraprestación reducida es hacerle un favor al desarrollo del sector es una visión miope, pues lo único que ocurre en esos casos es una transferencia de riqueza de los contribuyentes a los accionistas de esos operadores, que no necesariamente se refleja en mejores tarifas, mejor calidad o mayor cobertura.

** Hablando de la banda de 2.5 GHz…

Y ya que mencioné el caso de la banda de 2.5 GHz, bien valdría la pena que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de seguimiento al caso del operador Clearwire en Estados Unidos, que en el 2008 se conformó en un consorcio integrado por el socio original, Clearwire, con 22.8% de la estructura accionaria; Sprint, con 51.1%; Comcast, con 8.5%; Intel, con 8.1%; Time Warner, con 4.5%; Google, con 4% y el resto en manos de otros dos inversionistas.

La novedad es que ayer se confirmó la noticia de que Sprint logró convencer al resto de sus socios para que le vendieran las acciones que no estaban en manos de la primera, por un monto de 2.2 miles de millones de dólares.

Lo primero que hay que destacar de esta noticia, es que el famoso modelo basado en un “consorcio”, que ofrece servicios de mayoreo al resto de los operadores propuesto para el caso de México por MVS y algunos aliados dentro de la propia Comisión Federal de Telecomunicaciones, no funcionó, o al menos, no se sostuvo en el tiempo. Hoy, casi 4 años después del inicio del experimento, pasó lo que tenía que suceder, uno de los accionistas se quedó con la enchilada completa.

Llevado al caso de México y el famoso consorcio propuesto por MVS, es fácil adivinar lo que habría ocurrido: después de 4 o 5 años, los integrantes del consorcio habrían de terminar vendiendo su parte a otro de los accionistas -es decir, algunos de los socios obtendrían un efecto riqueza derivado de una enorme plusvalía frente a lo que pretendían pagar al gobierno-, o bien, habrían de terminar vendiendo el control de los 190 MHz que pretendían conservar al otro socio “natural”: Telcel. Para nadie es un secreto la relación de negocios que une a estos dos grupos. ¿Eso es lo que queremos para desarrollar la competencia en México?

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