Hay mucho en juego

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Recién se conoció una noticia clave para la evolución en el largo plazo del mercado de las telecomunicaciones en México: el acuerdo por el que Telcel compra a MVS los derechos para explotar 60 MHz en la banda de 2.5 GHz, en diversas regiones del país.

¿Por qué es tan importante esta potencial operación? Por varias razones: a) se trata de la banda del espectro radioeléctrico que mejor funciona para prestar servicios móviles en áreas muy saturadas dentro de las ciudades; b) se complementa extraordinariamente bien con otras bandas de gran cobertura (que ya tienen Telcel y su competencia); c) la cantidad de espectro que adquiriría es casi la mitad de todo el espectro de que dispone actualmente Telcel en México; c) Telcel se llevaría, por sí solo, más de la mitad de la porción útil de la banda de 2.5 GHz, lo que haría muy escaso y caro el resto de la banda para los demás operadores; d) Telcel es un operador preponderante por mandato de la Constitución misma, y e) pesa sobre Telcel y MVS una posible sanción del IFT respecto de una asociación ilícita entre ellas, de graves consecuencias.

La operación entre Telcel y MVS está sujeta a una condición: que el IFT la apruebe. ¿La autoridad asumirá que su decisión es histórica?

La importancia del caso no está dada por el monto de la operación (no superaría los 500 millones de dólares, una ganga de hecho) ni por la autorización solicitada (una cesión de derechos), sino por el hecho de que después de autorizada la operación, en su caso, Telcel contará con tal cantidad de espectro en la banda de 2.5 GHz que será casi imposible que cualquier otro operador (AT&T o Telefónica) pueda prestar servicios móviles comparables.

Telcel complementaría sus servicios con los que presta a través de otras bandas de frecuencias, lo que hará que sus servicios sean mucho más eficientes, confiables y rápidos. El problema es que, como se están planeando las cosas, ello, básicamente, sólo lo podría hacer Telcel.

Si bien la operación “solamente” comprende 60 MHz de los 190 MHz que integran la banda, la realidad de las cosas es que, por razones técnicas, en el resto de los 130 MHz únicamente podría asignarse una concesión similar a la que tendría Telcel, en el mejor de los casos. Ello deja fuera del mercado a un tercer o cuarto operador (presente y futuro) y por supuesto a la famosa Red Compartida en la banda de 700 (un giro que acabaría por hacerlos completamente inviables).

La autoridad no debe plantearse un problema binario: un sí o un no, un todo. Tradicionalmente, en las licitaciones del espectro el IFT establece, por razones de competencia, límites máximos de asignación.

Las mismas razones concurren ahora, pues para la autoridad no hay diferencia alguna en si el preponderante en telecomunicaciones se hace del espectro vía licitación o vía cesión de derechos. Lo que es válido en un caso lo es también para el otro. Que el humo no impida ver el fondo del asunto.

El IFT tiene varias opciones para decidir; desde negarla hasta aprobarla parcialmente (20 o 30 MHz, por ejemplo). No debe plantearse si pintará un muro de un color o de otro; lo que pintará –o puede hacerlo- es un cuadro con muchos elementos y colores, con claros y oscuros, con matices. Con valor.

No puede simplificar las cosas, más aún cuando la realidad, a voz en cuello, le grita algo diferente.

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