Hablando de banda ancha en Río

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Durante los pasados días fui invitado a hablar sobre el desarrollo de la banda ancha en América Latina y el Caribe como parte de los panelistas invitados a los eventos Banda Ancha en América Latina y 5G en América Latina celebrados esta semana en Río de Janeiro, Brasil.

Los organizadores de ambos eventos me pidieron que me enfocara en los dos o tres elementos esenciales que son necesarios para que los servicios de banda ancha, indistintamente de la plataforma tecnológica utilizada, lleguen a un mayor porcentaje de la población regional.

La respuesta fue sencilla. En primer lugar mencioné la disponibilidad de espectro radioeléctrico que pueda utilizarse de forma inmediata para ofrecer servicios de banda ancha móvil. En segundo lugar, mencioné que sin fibra óptica es muy difícil que se pueda desplegar redes de banda ancha avanzada. En otras palabras, para ver cuáles son las regiones de un país a las que llegarán las tecnologías llamadas 4G y 5G, sólo basta mirar un mapa de las redes de banda ancha existentes en el país.

El tercer lugar lo dejé para el elemento más importante de los tres, una estrategia integral por parte del gobierno dirigido a impulsar el desarrollo de la banda ancha desde una perspectiva agnóstica tecnológicamente. Hay que maximizar los recursos disponibles implementando las tecnologías de menor costo que nos permitan ofrecer las velocidades mínimas necesarias que el gobierno considera suficientes para que el usuario tenga una buena experiencia al navegar el Internet.

Sin embargo, la necesidad de fibra óptica varía según el mercado y las condiciones geográficas existentes. Hay casos —sobre todo en las islas del Caribe— donde la mayor necesidad de fibra óptica se enfoca en la disponibilidad cables submarinos que aterricen en el territorio de estos mercados para de esta forma contar con enlaces internacionales que abaraten el costo de proveer servicios de telecomunicaciones, incluyendo banda ancha tanto fija como móvil. La lejanía con los grandes centros urbanos hace que diversos departamentos de Bolivia y Paraguay también exhiban una gran demanda por enlaces internacionales de fibra óptica que les permita abaratar costos localmente en la oferta de servicios de Internet. Obviamente, en este caso, sería fibra óptica terrestre la que estaría brindando la conectividad a estos países que al igual que muchas islas del Caribe, tienen en ocasiones como única opción alterna comprar capacidad de las distintas flotas satelitales. Una alternativa de mayor costo y menor desempeño que la fibra óptica.

También destaqué la necesidad de que los gobiernos definan cuál es su rol en la promoción de la banda ancha. Esto porque las necesidades de pequeñas islas en el Caribe o países sin acceso al mar en América del Sur son replicadas por departamentos, provincias, estados y territorios de distintos países en el región. No es lo mismo hablar de acceso a enlaces internacionales en Santiago o Guayaquil que en la Isla de Pascua o las Islas Galápagos. Lo mismo podría decirse de las Islas Malvinas en el Atlántico Sur al compararse con otros territorios ingleses como Anguila, Islas Caimán o las Islas Vírgenes Británicas.

Una estrategia bien coordinada tendría como uno de sus pilares reducir los costos de los dispositivos que estarían utilizando los usuarios para beneficiarse de las nuevas tecnologías. Tener cobertura sin dispositivos no tiene gran impacto en el desarrollo de un mercado.

Como se ha visto claramente en los últimos años en Venezuela, sin un recambio saludable de dispositivos que puedan utilizar las nuevas tecnologías se está relegando a los usuarios a estar privados de las más recientes innovaciones tecnológicas en términos de aplicaciones y contenidos. Es crear una brecha digital a nivel nación con el resto de los países de la región que será muy difícil de revertir.

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