Empiezan las contradicciones en el caso Procobhi

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Gerardo Soria

El Economista

Después del escándalo que se armó cuando se me ocurrió indagar sobre el origen y legalidad del Proyecto de Cobertura Histórica (Procobhi), que consistió en la revisión ilimitada de expedientes de concesionarios de radio y televisión en la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) por terceros ajenos a la misma, ahora, resulta que la propia Cofetel ha reconocido la existencia del proyecto ante el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI).

Efectivamente, a pesar del drama de Mony en la Cofetel cuando se enteró de que un notario público dio fe de la presencia de los empleados del Procobhi, a pesar de las múltiples reuniones internas a las que éste convocó dentro de la Cofetel para “resolver” el tema del Procobhi y a pesar de la regañiza que -se dice- les tocó a los del Procobhi por dar información “no autorizada” y de la orden inmediata de desalojo que recibieron un día después de que el asunto se volviera público, la mentira tenía que salir a la luz tarde o temprano. Y así sucedió en este caso. Tanto esfuerzo por que no nos enteráramos de lo que sea que haya detrás del Procobhi, tanto trabajo en equipo para fingir que el Procobhi es una fantasía que el notario y yo imaginamos… Y, al final, alguien tenía que abrir la boca. Algún detalle tenía que salir del control del Presidente de la Cofetel. Yo creo que a mí también me daría coraje.

Todo iba bien al principio. Se había presentado una solicitud de acceso a la información y la Cofetel había contestado que no había encontrado la información: necesitaba 20 días hábiles adicionales a los primeros 20 que ya habían transcurrido para continuar realizando la búsqueda exhaustiva de la información que se le había solicitado. Cualquier inocente hubiera podido imaginarse a toda la Cofetel vuelta loca, buscando la información que solicitamos en todos y cada uno de sus rincones. Transcurrido el plazo de prórroga, nos contestaron que no habían encontrado nada, que la información solicitada era inexistente, que la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental no obligaba a la entrega de información inexistente y -casi- que estábamos locos, que el Procobhi no existió.

Cualquier particular hubiera desistido ante tanta seguridad en la respuesta, pero, en nuestro caso, en una dificilísima decisión y después de mucho meditarlo, preferimos confiar en la fe pública más que en Mony de Swaan y su trayectoria de consabida honestidad, y optamos por presentar un recurso de revisión ante el IFAI. Ante la admisión y entrada a trámite del referido recurso, con número de expediente RDA 4140/12, la Cofetel presentó sus alegatos, en los que, después de una decena de párrafos negando la existencia de información, la autoridad se vio obligada a reconocer que en la Sesión XL del Comité de Información, en la que se discutió la solicitud de acceso a la información en cuestión, uno de los asistentes mencionó que el “Procobhi es un proyecto académico denominado así de manera interna por la Universidad de California en Berkeley que se desarrolla en el área de Archivo de la Comisión, que es parte de un acuerdo de colaboración entre ambas instituciones (UC Berkeley y la Cofetel) y que, por ser académico, no tiene fines de lucro; por lo tanto, no requiere ni establece vínculo comercial ni erogaciones o beneficios económicos de alguna de las dos partes”. La incómoda aportación de uno de los representantes que arruinó toda la mentira y obligó a la Cofetel a reconocer la existencia del proyecto.

Es una pena que solamente a través de instituciones como el IFAI, la autoridad sienta la obligación de actuar con honestidad. Y lo peor del caso no es que se le haya caído el teatrito al Cisne, sino que -como se pueden dar cuenta- la Cofetel supo de la existencia del Procobhi en todo momento, pero no quiso dar información. Desconocemos si sea cierto el carácter académico y no oneroso del proyecto, pero, aún si así fuera, la Cofetel está obligada a entregar la información al particular. Además, en esta ocasión no solamente existen dudas sobre los intereses económicos de por medio, sino acerca de que la principal preocupación sea el tema de la confidencialidad de los expedientes que revisaron los empleados de Berkeley, la Cofetel, el Procobhi o de donde sea que los hayan traído.

Sin perjuicio de las investigaciones que se continúen al respecto, la verdadera pregunta que nos queda al aire es: ¿qué es lo que esconde Mony de Swaan con tanto esmero detrás del Procobhi? ¿Por qué tanto misterio detrás de un simple proyecto académico, como lo han catalogado?

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