El anémico 2019

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2019-06-08

En este espacio me he referido de manera reiterada al desempeño de la economía mexicana a lo largo de este 2019. A partir de principios de febrero, y en diversas entregas, he venido insistiendo en algunas decisiones adoptadas por la nueva administración como fue la mal diseñada e instrumentada guerra contra el robo de combustibles, la falta de acción del mismo gobierno para atender algunos problemas como las huelgas en las maquiladoras de Matamoros o el bloqueo de las vías de ferrrocarril en Michoacán que impidieron la distribución oportuna en el mercado mexicano de volumenes importantes de bienes o productos importados durante varias semanas, o los subsecuentes programas de apoyo a Pemex que no despertaron la más mínima emoción entre inversionistas y analistas, sumado a la decisión previa de la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, el empecinamiento en construir la refinería de Dos Bocas, en un plazo y costo que desde ahora se anticipa quedará muy lejos respecto a lo prometido, la construcción del tren de la ruta Maya y los arbitrajes iniciados por la Comisión Federal de Electricidad en contra de empresas a las que se les habían asignado contratos para la construcción de gasoductos y el suministro de ese hidrocarburo durante un plazo determinado.

Mes a mes hemos sido testigos de cómo los especialistas han venido ajustando a la baja su expectativa de crecimiento para el presente año, así como el 2020; de cómo el Inegi ha venido reportando un comportamiento desfavorable de diversas variables que nos permiten tener una idea de qué rumbo está siguiendo la economía; o de cómo los organismos empresariales también han reportado resultados desfavorables en algunos rubros, siendo el caso destacado el del sector automotriz, motor del sector exportador de México, pero que en el mercado interno ha venido resintiendo la falta de apetito de los consumidores para adquirir autos nuevos.

En este rubro particular, es verdad que el 2018 fue un mal año para la industria automotriz, pero el 2019 también será un mal año sin duda alguna. Apenas el viernes pasado conocimos a través del Inegi, que las ventas de julio del 2019 habían caído en 8% respecto al número de autos vendidos en el mismo mes de 2018, y que es el peor dato de ventas para un mes de julio desde el 2014. El problema que se vislumbra, es que las caídas en las ventas de autos entre abril y julio, mayores que las caídas observadas en el 2018, apuntan a un segundo semestre de pronóstico reservado.

Por otra parte, es evidente que el crecimiento mediocre de la economía está afectando los ingresos presupuestarios del sector público, que a junio del presente año, están 68,000 millones de pesos por debajo de lo que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público programó que obtendría entre enero y junio del presente año.

Uno de los señalamientos centrales que he hecho en este contexto de desaceleración de la economía mexicana, es que el problema de las malas decisiones adoptadas por la nueva administración o las malas señales que ha enviado a los mercados, es que ello ocurre al mismo tiempo que gran parte del contexto internacional está padeciendo también un mal año, quizá menos malo que el que está padeciendo ya la economía mexicana. La única excepción es la economía de Estados Unidos, cuya etapa de expansión —que de igual forma ya lo dije aquí— lamentablemente no hemos aprovechado, máxime cuando ya empieza a desacelerarse también.

Todo esta narrativa del contexto desfavorable por el que hemos venido transitando en este 2019 sirve para ilustrar la vulnerabilidad de nuestra economía frente a una acrecentada tensión entre Estados Unidos y China, que ayer entró en una nueva etapa, con la devaluación del renminbi. ¡Abróchense los cinturones!

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