Cortar el cable II

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En la colaboración anterior, se empezó a abordar el contexto en el cual se está presentando el fenómeno relacionado con las expresiones “cortar el cable” o los “corta cables” (cable cutters, en inglés), mismas que califican el creciente abandono de suscriptores de sus servicios de televisión de paga, pero no así el cese en sus actividades de consumo de contenidos audiovisuales.

El modelo de organización de los medios “tradicionales” de comunicación audiovisual, ya sea radiodifundidos (gratuitos) o restringidos (de paga), reseñado en la pasada entrega, ha sufrido, a lo largo de los años, cambios importantes. La introducción de las tecnologías digitales para la transmisión de contenidos a través de estos sistemas, multiplicó el número de opciones programáticas visibles para la audiencia en la forma de canales. También, en el caso de la televisión de paga, la digitalización hizo posible el nacimiento del “video bajo demanda” o VOD (por sus siglas en inglés) como una opción más apetecible para consumir contenidos ad hoc al interés de sus suscriptores, la cual complementó la oferta a la carta mediante el denominado “pago por evento” o PPV.

El VOD se distingue del PPV tradicional, por su ubicuidad: al tratarse de contenidos almacenados en un repositorio digital, éstos pueden ser accedidos en cualquier momento en que se desee consumirlos; el PPV tradicional, en contrapartida, consistió en una oferta de transmisiones lineales, ya sea en vivo, como los eventos deportivos, o bien sujetos a un horario de programación en el caso de contenidos grabados como películas cinematográficas.

Con el advenimiento del acceso de banda ancha al Internet, esta red de redes se convirtió en el conglomerado de opciones digitales multimedia más amplio de la historia de la humanidad. La ubicuidad cuasi total es el eje que define a esta red mundial, así como a los servicios y aplicaciones que funcionan superpuestos en su capacidad de transmisión. El Internet redefinió, para siempre, las otrora limitaciones técnicas de los modelos de comunicación audiovisual, eliminando restricciones de ubicación y horarios para acceder a los mismos. Aún permanecen algunas restricciones en este campo, las cuales son definidas por los titulares de los derechos de autor de los contenidos, no por la tecnología ni por los operadores que fungen como proveedores de acceso al Internet o ISPs.

Gracias a estos avances, se han desarrollado servicios y aplicaciones como las plataformas de VOD de Apple y Google, opciones conjuntas como Hulu, así como una multiplicidad de sitios que permiten acceder, tal vez al margen del respeto a los derechos de autor, a contenidos lineales y no lineales de todo tipo. También, sujeto a restricciones territoriales en algunos casos, se puede observar que la gran mayoría de medios tradicionales de comunicación, tanto radiodifundidos como restringidos, ofrecen mediante “apps” el acceso a los contenidos que transmiten, ya sea bajo demanda o en forma lineal. Las fronteras y los límites se han vuelto borrosos, seguramente al momento de escribir esta colaboración se están creando nuevas modalidades para el consumo de contenidos audiovisuales.

No obstante todo lo anterior, esta utopía de consumo ubicuo de contenidos audiovisuales aún se enfrenta a limitaciones estructurales. La posibilidad total de “cortar el cable” dependerá, paradójicamente, de que los cables que sostienen el Internet sigan creciendo cualitativa y cuantitativamente. Según cifras reveladas en eventos internacionales, la tasa de crecimiento de consumo “en línea” de contenidos sólo podrá mantenerse si en los próximos años las empresas de telecomunicaciones invierten sumas multimillonarias para ampliar las carreteras de la información.

Como todo lo que sucede en una economía de mercado, las inversiones a que se refiere el párrafo anterior serán realizadas si son susceptibles de recuperarse con una tasa de retorno adecuada. Dicho de otra forma, la tecnología permite “cortar los cables”, sin embargo, dependerá del mercado que esta opción se vuelva accesible para todos los consumidores.

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