Circuito Dedicado / El futuro de la doble ventanilla

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30 de julio de 2012
Eduardo Ruiz Vega
La Razón

Un objetivo fundamental de cualquier organización burocrática es evitar la duplicidad de funciones. En México, desde agosto de 1996, este principio se violentó cuando se fundó la Comisión Federal de Telecomunicaciones sin desaparecer la Subsecretaría de Comunicaciones.

Los argumentos que dieron origen a esta dualidad de autoridades cuyas atribuciones se entrelazan en una suerte de ballet para el intercambio perpetuo de expedientes y actos, desde un punto de vista teórico, pudieron haber sido válidos en su momento. En la práctica, sin embargo, han generado una problemática real que sufren ambos entes administrativos en trámites básicos como las solicitudes para el otorgamiento y modificación de concesiones y la imposición de sanciones administrativas que en otras esferas se lleva a cabo en forma ágil.

El problema se acentuó paradójicamente a partir de la definición legislativa que transfirió a la Cofetel, en exclusiva, todas y cada una de las facultades en materia de radio y televisión. Esta transferencia se llevó a cabo después de las reformas a las leyes federales de telecomunicaciones y de radio y televisión que entraron en vigor en abril de 2006, conocidas como “Ley Televisa”.

Mientras el Congreso de la Unión fortaleció a la Cofetel, en los hechos se inició una pugna sin precedentes entre el sector central (Presidencia de la República y la oficina del Secretario de Comunicaciones y Transportes) y el órgano autónomo regulador de las telecomunicaciones. La manzana de la discordia fue la concepción errónea en torno a la autonomía que gozan los comisionados para ejercer sus funciones versus la concepción virreinal de la subordinación jerárquica de los órganos desconcentrados. En otras palabras, se concebía la autonomía como rebeldía.

Así, durante las dos primeras partes de este sexenio la relación entre la Cofetel y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes fue nefasta. Piedra angular de esta pésima relación fue la igualmente nefasta doble ventanilla. El Secretario de Comunicaciones en turno aprovechó la participación formal en muchos trámites para adjudicarse el poder de decisión sobre los mismos; intentó por la vía reglamentaria legislar en contra de la autonomía del regulador y presionó a comisionados de la Cofetel para cumplir instrucciones políticas en asuntos técnicos.

Aunque la relación entre el órgano regulador y su coordinadora de sector, la SCT, ha mejorado notablemente en la administración del Secretario Pérez-Jácome, tal vez por su prudencia y profesionalismo, tal vez por estar en la recta final del sexenio, tal vez porque el Subsecretario Olavarría ha tenido el tino de recuperar la agenda de cobertura social y de acceso universal que habían abandonado sus antecesores y que no se empalma con la agenda regulatoria de Cofetel, o seguramente por una combinación de factores, lo cierto es que el arreglo institucional en el sector de las telecomunicaciones conocido como la “doble ventanilla”, resulta insostenible en el mediano y largo plazos.

La oportunidad de acabar con esta distorsión es única. Los creadores de la doble ventanilla ya no están en el gobierno y no regresarán con el nuevo Presidente de la República. ¿Persistirá, sin embargo, la tentación de seguir “administrando” la autonomía del regulador de las telecomunicaciones desde Xola? La respuesta la sabremos pronto…

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