El Fénix

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Eduardo Ruiz Vega

La Razón de México

Pareciera que algunos identifican a las telecomunicaciones de nuestro país con el mito del Fénix, la portentosa ave de plumaje incandescente con tonos rojos, anaranjados y amarillos, que se consumía por la acción del fuego para resurgir con toda su gloria de las cenizas.

Es cierto que el sector de las telecomunicaciones es noble. A pesar de todas las maldiciones que pesan sobre su desarrollo, este Fénix moderno crece, año con año, más que el resto de la economía en su conjunto. Sin embargo, la bonanza decrece a la par del ritmo de inversión. La falta de certidumbre en aspectos básicos como el jurídico y las condiciones mínimas para una competencia real entre operadores, empezaron a pasar su factura hace ya algunos años.

La ilusión de la apertura de la larga distancia comprometió cuantiosas inversiones entre 1995 y 1997. Con el paso de los años, la ilusión cedió ante la decepción de ver la competencia en el mercado reducida a cenizas. Aquí no hubo, ni habrá, resurgimiento del Fénix.

En la telefonía local el panorama, aunque no tan sombrío como el de la larga distancia, reviste tintes similares. Muchos años han pasado desde que los primeros competidores de Telmex llegaron al mercado, tanto alámbricos como inalámbricos. Muchos, también, han sido los años transcurridos en que han reclamado acciones con decisión por parte de las autoridades para nivelar el terreno de la competencia. Sus reclamos, en mayor medida, no han sido escuchados. Si la competencia de servicios locales se reduce a cenizas se avisora con certeza plena que, como en la larga distancia, tampoco habrá resurgimiento.

En el ámbito institucional, el panorama asemeja la lógica construcción-destrucción-construcción del mito del Fénix. La Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) se creó precariamente en agosto de 1996, mediante un simplista acuerdo presidencial. Unos meses después, en noviembre de ese año, sus exiguas facultades se ampliaron marginalmente en otro acto administrativo, el vergonzante artículo 37 Bis incorporado al Reglamento Interior de la SCT. Todavía sin los recursos indispensables para cumplir su mandato, la Cofetel fue organizada siguiendo una lógica de distribución de facultades y responsabilidades hacia su interior con base en la especialización de sus comisionados.

El arreglo de especialización sucumbió en enero del 2006, casi una década después del nacimiento de la Cofetel. Años antes, la administración de Vicente Fox había purgado al Pleno de la Cofetel y renovado en su totalidad a sus integrantes. Los arquitectos de esta nueva organización, similar a la observada en otras comisiones como la de competencia y reguladora de energía, no pudieron gozarla o sufrirla. Apenas unos meses después de haber publicado su creativo reglamento, renunciaron a su cargo ante la inminencia de su despido por mandato del Congreso de la Unión.

El Pleno de la Cofetel fue renovado en su integridad, una vez más. En esta ocasión, mediante un proceso establecido en Ley que incluyó la no objeción del Legislativo Federal. Durante el sexenio de Calderón, sin embargo, volvió a iniciar la purga forzada de los integrantes de la Cofetel. Este proceso, negativo para el sector regulado, aún no termina. Se sabe, por la información difundida a través de los medios de comunicación, que algunos quieren volver a `construir` al regulador de las telecomunicaciones, claro está, previa destrucción de la institución aplicando fuego hasta dejar cenizas.

El mito del Fénix ha logrado inspirar numerosos esfuerzos de destrucción en las telecomunicaciones de nuestro país. Desafortunadamente, no ha sucedido así en el extremo de la construcción.

 

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