Circuito dedicado / El arte de mentir

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Eduardo Ruiz Vega
6 de agosto de 2012
La RazónLa Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi) promovió un juicio de amparo en contra de la resolución emitida por la Comisión Federal de Competencia, para autorizar de manera condicionada la inversión de Grupo Televisa en la telefónica Iusacell.

Amedi aprovechó recientes reformas a nuestra Constitución Federal, que amplía el espectro de personas que pueden promover juicios de este tipo bajo la figura del “interés legitimo”. Es decir, aunque esta asociación no es parte de la operación, ni compite en el mercado de los servicios móviles de telecomunicaciones, o dicho en otras palabras aunque carece de “interés jurídico” en el asunto, hoy la ley le concede, como al resto de las personas en este país, la posibilidad de acudir a las cortes alegando un interés legítimo.

Hasta ahí vamos bien. El panorama se desdibuja, sin embargo, cuando se analizan la materia y los agravios de los cuales se duele la Amedi. Es una demostración del arte acuñado por algunos miembros de esta asociación a lo largo de los años, el arte de mentir abiertamente a la opinión pública, cuyo derecho a la información dicen defender.

Si bien es cierto que el acceso a la justicia de control constitucional es hoy en día más amplia bajo la figura del interés legítimo, nada de legítimo tiene plantear una controversia bajo supuestos que no existen.

La operación autorizada por la Comisión Federal de Competencia a Iusacell, su controladora y Grupo Televisa consiste en la conversión de deuda por acciones del capital social de la empresa. La empresa, Iusacell, es una concesionaria autorizada para prestar servicios de telecomunicaciones móviles; el único brazo que tenía Iusacell en el mercado de la televisión de paga, Total Play, habrá de ser desincorporado de Iusacell y adquirido por alguna filial de Grupo Salinas. Iusacell no participa en forma alguna en el mercado de televisión radiodifundida.

Esos son los hechos que Amedi no está dispuesta a ver. La asociación y sus miembros sólo observan una maquinación de los medios masivos de comunicación electrónica en contra de las garantías fundamentales de la sociedad mexicana (garantías que, por cierto, debe proteger el Estado y no la industria privada). Del mercado móvil de telecomunicaciones no se ocupan ni manifiestan, como no lo hacen respecto de la hegemonía de las empresas hermanas Telmex y Telcel en los mismos. No, ahí no hay fijón. Es más pugnan para que se le autorice a Telmex la televisión de paga a cambio de nada. Que el verdadero monopolio adquiera otro feudo no importa, si que los demonios de las televisoras capitalicen y traten de competir con una empresa que apenas tiene el 5% del mercado en el que participa que no es el de la televisión. Así, para poder informar (más bien engañar) no hay que hablar de una inversión o de una capitalización, es más noticioso referirse a la operación como fusión donde no la hay.

La Liga de la Pureza ha iniciado una nueva cruzada, ahora de corte judicial. Un nuevo capítulo de esta historia que bien vale la pena observar. Sin embargo, la película debería tener subtítulos en donde se traduzcan las mentiras de sus actores por la verdad. De lo contrario, como lo demostró el órgano regulador de las telecomunicaciones, Cofetel, al emitir su vergonzoso comunicado 28/2012, hasta las autoridades empiezan a ver espejismos de fusiones inexistentes a base de repetirse este concepto en los medios de comunicación y en las redes sociales.

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